Medidas posibles para un cuidado de la energía a nivel urbano

Medidas posibles para un cuidado de la energía a nivel urbano

Exijamos a las autoridades la construcción de más líneas de trenes y subterráneos que de autopistas de concentración. La utilización de bicicletas o los paseos a pie son saludables y constituyen una fuente importante de ahorro energético en las ciudades. Al evaluar la utilización del automóvil tengamos en cuenta: La posibilidad de compartir los viajes con más personas para concurrir al trabajo. En la ciudad se producen permanentes atascamientos, embotellamientos y el funcionamiento inadecuado de semáforos. Ello genera derroche innecesario de energía y mayor stress. Si utilizamos corrientemente el automóvil, efectuemos verificaciones técnicas periódicas, especialmente en los neumáticos, la alineación, el balanceo, el filtro de aire y el carburador. Manteniendo el correcto funcionamiento del motor, podemos ahorrar hasta un 9% de combustible, con lo que emitiremos un 9% menos de monóxido de carbono y otras sustancias contaminantes a la atmósfera. Evitemos frenadas y aceleraciones bruscas. A mayor velocidad de 50 km./h cerremos las ventanillas. Evitemos mantener el aire acondicionado del vehículo permanentemente prendido. Recomendamos utilizar el transporte público los días de semana y reservar el automóvil para el fin de semana. Un auto común consume en una hora tanto oxígeno como 800 personas en un día. Recordemos que las bocinas de aire están prohibidas en el ámbito de la ciudad. Este tipo de bocinas contribuyen a aumentar nuestra inestabilidad psíquica. Un vehículo particular consume en una hora el oxígeno que 200arboles tardan un día en generar.

En el ámbito laboral

Los monitores de las computadoras consumen mucha energía, tratemos de no mantenerlos encendidos innecesariamente. Reparemos inmediatamente las perdidas y derroches de energía. Evitemos la utilización innecesaria de papel y establezcamos mecanismos para su reutilización.

En el ámbito educativo

Evitemos mantener encendidas las luces de las aulas innecesariamente. Comuniquemos a las autoridades escolares el mal funcionamiento de canillas y demás instalaciones sanitarias. Participemos de las campañas de recolección de latitas de aluminio, plantaciones de árboles, etc. Evitemos la utilización innecesaria de papel.

Si queremos frenar la incesante producción de basura nuclear y el agravamiento del cambio del clima originado en el uso intensivo del petróleo, debemos poner en marcha sin demoras fuentes limpias y renovables. En muchos países se han establecido impuestos sobre el consumo de energía. Organicemos campañas para el uso racional de la energía. Experimentemos con energías renovables no contaminantes. Organicemos pruebas piloto de iluminación de parques y plazas con energía solar o energía eólica. Prendamos la computadora sólo cuando la estemos por usar y apaguémosla al finalizar, no la dejemos prendida innecesariamente. Coloquemos cortinas en las habitaciones para evitar el calentamiento por rayos solares o la pérdida de calor en invierno. A un ritmo del 20 % anual desde 1990, la energía eólica es hoy la fuente energética de más rápido crecimiento en el mundo.

Una Constitución ecologista

La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires es muy distinta de la Constitución Nacional. Un modelo constitucional de casi dos siglos atrás parecía inadecuado para responder a las complejas necesidades de la sociedad actual. La Convención Constituyente entendió que la incorporación de lo ecológico en la Constitución de la Ciudad merecía un amplio articulado. Se considera que la Constitución debía explicitar los derechos y garantías con el mayor grado de detalle posible.

Un derecho y un deber

Vivir en un ambiente sano es un derecho de todas las personas y defender ese ambiente es su obligación. Al estar consagrando derechos ambientales estamos planteando que después las leyes tienen que detallar esos derechos. ¿En qué derechos pensamos? El derecho a respirar aire puro, a beber agua limpia, a una alimentación no contaminada. El derecho a vivir y movemos en áreas sin basuras, a un ambiente de trabajo, al uso y goce de espacios verdes y abiertos, a la preservación del silencio, a habitar en una ciudad no contaminada visualmente. Esto apunta a que cada habitante proteja los propios derechos y los de las demás personas. El que la protección ambiental sea, al mismo tiempo, un derecho y un deber, lo ubica dentro de los derechos sociales. Además, se ordena que cesen las actividades que supongan un daño al ambiente y que se reparen los daños causados. Es decir, indemnizar a las personas afectadas y reparar los daños causados a la naturaleza y a los bienes materiales.

Patrimonio común y amparo ambiental

Se menciona el ambiente como patrimonio común. Esta es la base para que cualquier persona pueda ir a los jueces y presentar un recurso de amparo cada vez que se violen los derechos consagrados por la Constitución. Tradicionalmente, uno podía presentar un recurso de amparo si había algo que lo afectaba en forma personal. Pero en este artículo de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires se dice que cualquiera puede reclamar por el medio ambiente sin necesidad de demostrar un perjuicio personal. Es decir, que puede defender en un juicio el interés social y no sólo su egoísta interés personal.