La ecología y la historia: Optimismo y pesimismo

La ecología y la historia: Optimismo y pesimismo

La idea de la existencia de un conflicto esencial entre el hombre y la naturaleza que domina nuestra época viene creciendo desde el siglo pasado, cuando se delinean los dos grandes paradigmas alternativos: el optimista y el pesimista. La visión «optimista» de la historia es evolutiva. Se sostiene en el darwinismo en el plano de la naturaleza, y en las dos mayores corrientes del pensamiento social moderno: el marxismo y el liberalismo. Todos ellos ven al hombre avanzando por un camino plagado de dificultades y tensiones, gracias a su capacidad de resolver éstas de manera siempre superadora. La visión «pesimista» se apoya en la noción de un equilibrio sistemático cuya ruptura es fatal. Si el paradigma optimista confía en el conflicto y en la capacidad de superarlo, el paradigma pesimista confía en el equilibrio y en su mantenimiento. A partir de Malthus y de Durkheim se suceden los preanuncios de las catástrofes que culminarán en la sociedad industrial y la civilización tecnológica: el crecimiento exponencial de la población, la aniquilación de los mecanismos sociales de control cultural, el impulso destructivo del ser humano, el agotamiento de los recursos naturales. En nuestros días, en ambos lados de estas visiones del mundo global, resuenan voces que parecen razonables, y en ambos también se siente el palpitar de los argumentos emocionales.

El desafío que se nos presenta es a la vez cognitivo y práctico. Por eso es tan importante y necesitamos saber más para así aprender y transmitir, tenemos que actuar. El saber se está acumulando rápidamente en todo un campo de nuevas disciplinas que se articulan en la ecología. Es preciso no dejar afuera a la historia como un ingrediente lateral, pero indispensable, de ese campo. La acción parece más y más orientada a lo que hoy llamamos «el crecimiento sostenido»: cómo asegurar el aumento de la productividad y del bienestar humano sin destruir el hábitat natural, esto es, sin condenar a las generaciones futuras a la muerte o a una vida miserable. La visión pesimista es una campana que suena sin cesar alertando contra el riesgo de perder de vista las restricciones ecológicas. Nos está recordando permanentemente que no podemos hacer cualquier cosa, como si las posibilidades naturales fueran ilimitadas. La visión optimista nos lleva a ver los problemas de manera dinámica, y por lo tanto a no encerrarnos en un círculo sin salida excluyendo posibles soluciones a problemas complejos. Del lado pesimista tiende a verse a la tecnología como una usina incesante de destrucción del hábitat. Del lado optimista se advierte que las soluciones a los problemas ecológicos del mundo actual vienen de la tecnología, no del atraso, y que el atraso está destruyendo el ambiente natural del hombre en mucha mayor medida que la civilización tecnológica.

No podemos volver a un mundo pre Malthus, ni a un mundo pre Durkheim, ni a un mundo pre Marx ni a un mundo pre capitalista. Los problemas acuciantes son los de hoy, no los que se generaron uno o dos siglos atrás, cuando la historia de la humanidad pudo idealmente haber encontrado otro derrotero. La historia nos sirve para aprender de nuestros antepasados cómo percibieron sus problemas, cómo los investigaron y explicaron, y cómo intentaron resolverlos. En el nudo central del conflicto entre el hombre y la naturaleza tal como hoy lo vivimos, hay una fuerte tentación a adoptar ideologías anticapitalistas como respuesta a la ansiedad que el conflicto genera. Eso lleva a no ver que el gran peligro para el futuro de la humanidad en el plano de la destrucción del ambiente natural residió en la Europa del Este y reside hoy en el mundo subdesarrollado mucho más que en las sociedades técnicamente avanzadas.

Thomas Sow el dice que la cultura europea ha pagado un precio histórico por haber diseminado la institución de la esclavitud invento no europeo en el mercado mundial, pero algún día recibirá el crédito que merece por haber destruido la esclavitud con las ideas igualitaristas que también ella instaló en la humanidad toda. Del mismo modo, no olvidemos que, si la civilización industrial inventó el automóvil, los efluentes tóxicos y los gases contaminantes, también está inventando el auto de contaminación cero y la técnica que neutraliza los efluentes destructivos. La visión optimista nos permite confiaren el progreso técnico, pero no demasiado en las prácticas de los pueblos atrasados del mundo actual que están destruyendo los bosques, los suelos fértiles y las aguas limpias de gran parte del planeta.