
La economía de la Ciudad tiene que mantener una buena calidad del medio ambiente, usar tecnologías no contaminantes y disminuir los residuos industriales. Estos principios están pensados para aplicarse en el conjunto de la política económica, y no solamente en las cuestiones de medio ambiente.
Educación ambiental
Se ordena promover la educación ambiental en todas las modalidades y niveles. Y es que para cuidar el medio ambiente hay que saber qué se está preservando y de qué manera hacerlo. Como los temas ecológicos son muy complejos, la educación ambiental en todos los niveles es una forma de hacer posible esa defensa. La conciencia pública sobre la ecología se activa usando también los medios de comunicación masiva.
Residuos y tecnologías peligrosas
El Gobierno de la Ciudad tiene. la obligación de controlar las tecnologías peligrosas y los residuos que produzcan. También tiene que procurar reducir al mínimo la cantidad de basura que se produzca en la Ciudad. Se prohíbe introducir en la Ciudad residuos peligrosos que vengan de otros lados y se propone a la Provincia de Buenos Aires un tratamiento conjunto para este tipo de residuos. También se prohíbe usar productos o tecnologías que estén prohibidos en sus respectivos países de origen. Un ejemplo son los medicamentos que están prohibidos en Europa y en Estados Unidos (por tener efectos secundarios peligrosos) y son recetados habitualmente.
Impacto ambiental
La Constitución establece que es obligatorio estudiar el impacto ambiental de toda obra importante que se haga en la Ciudad. Los resultados se discuten después en una audiencia pública. Hay que recordar que todos los préstamos internacionales exigen estudios de impacto ambiental antes de cualquier obra importante, pública o privar da. No puede decirse que este punto ahuyente a los inversores del exterior, ya que es habitual en todos los países del Norte. La discusión en audiencia pública es indispensable para evitar que se desvira en los objetivos de la evaluación.
Controlar la contaminación del agua
La Constitución manda que la Ciudad, como representante directo de la comunidad local, tiene que controlar la contaminación del agua, tanto la del Río de la Plata como la del Riachuelo, los arroyos entubados y el agua subterránea. Hasta ahora, el único que se podía ocupar de esto era el Gobierno Nacional, que dejó que el Riachuelo se contaminara hasta llegar a su estado actual. Al hacerlo, la Convención tuvo en cuenta que el agua de nuestro río está en el umbral de potabilización. Lo que significa que, de continuar así, muy pronto el agua de la canilla ya no será potable. Nos importa la calidad del agua porque nuestro propio cuerpo está constituido por agua en un 85 por ciento. Los que vivimos aquí somos Río de la Plata en un 85por ciento. Por lo tanto, lo que le pase al Río de la Plata quizá nos pase también a nosotros.
El Río de la Plata y sus islas
También se establece que la parte del Río de la Plata que está delante de la Ciudad pertenece a ella. Esto no se refiere solamente al caso de que algún irresponsable quisiera hacer una isla artificial en el Río de la Plata. Se tienen en cuenta los fenómenos geológicos de creación de islas que se producen continuamente por el crecimiento del Delta del Paraná, que cada vez se acerca más a nosotros.
EI control ambiental de todo lo que se hace en la ciudad
El Gobierno de la Ciudad controla los aspectos ecológicos de todo lo que se hace aquí, incluyendo lo que haga el Gobierno Nacional. Por ejemplo, la autoridad de la Ciudad no podrá meterse en los aspectos específicamente militares de la actividad de las Fuerzas Armadas. Pero, en cambio, sí le toca actuar en los aspectos ecológicos de la actividad de dichas Fuerzas. Y lo mismo con cualquier otra dependencia del Gobierno nacional que estén la Ciudad de Buenos Aires. Esto significa, por ejemplo, que se podrán controlar los taxis del Aeroparque, verificar los residuos tóxicos depositados en el puerto de Buenos Aires. Asegurarse de las condiciones en que se transportan las cargas químicas en los ferrocarriles que atraviesan la ciudad, verificar la seguridad con que se almacenan los explosivos en el cuartel de Palermo, o realizar una inspección bromatológica en el restaurante de la Casa Rosada. En este texto está implícito el control sobre el subsuelo y el espacio aéreo. El control sobre el subsuelo significa, por ejemplo, verificar la seguridad de los tanques subterráneos de las estaciones de servicio, función hasta ahora negada a la autoridad local por la Secretaría de Energía de la Nación. Tratándose de un aeropuerto peligroso, es razonable que el Gobierno de la Ciudad intervenga para disminuir los riesgos de accidentes aéreos. La Constitución también establece el control ambiental de la Ciudad sobre los servicios públicos que se presten en ella. No sólo el humo de los colectivos, sino por ejemplo el humo de las centrales que producen electricidad.
El ambiente en los barrios
La Constitución de la ciudad crea una serie de comunas, que funcionarán como pequeñas municipalidades en los barrios. Esto permite agregar nuevos mecanismos de control ecológico a escala barrial. Las comunas van a mantener los espacios verdes y controlar que se cumplan en el barrio las normas sobre contaminación. Esto permitirá un mayor control de las actividades peligrosas o molestas y, especialmente, que la sociedad pueda controlar a los funcionarios encargados de hacer ese control.
¿Esto es sólo un papel más?
Ante todo, esto, vale la pena preguntarse: ¿esto es solamente un papel escrito? ¿algo de lo que la Constitución dice se va a cumplir alguna vez? Y es que existen poderosos intereses creados para tratar de impedir que se llegue a aplicar tanta democracia ecológica. La respuesta más honesta es decir que no lo sabemos. Los derechos no se regalan. Las cosas que se obtengan dependerán de la energía con que estemos dispuestos a reclamarlas. La gente tiene que actuar permanentemente para poder ejercer sus derechos ecológicos, recordando siempre que cuidar el medio ambiente es, al mismo tiempo, un derecho y un deber. En este libro les damos algunas ideas de cómo hacerlo.
