
La alta peligrosidad de muchas de las aplicaciones dela. actividad nuclear ha creado una enorme preocupación en la opinión pública y, a menudo, un justificado horror. ¿Cómo convivir con ella? ¿Cómo encontrar el punto justo entre utilizar sus beneficios y minimizar sus riesgos? Una lógica consecuencia del sistema federal de gobierno es que las autoridades locales puedan controlar las instalaciones del q gobierno nacional ubicadas en su territorio, entre ellas las nucleares y decidir cuáles aceptan y cuáles no quieren tener en su territorio. La Constitución declara que la Ciudad de Buenos Aires es No Nuclear (en este momento aproximadamente un tercio del país es no nuclear). En el texto se prohíben las actividades nucleares más peligrosas y se controlan las demás. Por ejemplo, hay que controlar: qué, se hace con los residuos radiactivos de los institutos médicos y de investigación, muchos de los cuales son arrojados a la basura común o enviados por las cloacas al Río de la Plata. Otro caso es el del transporte de sustancias radiactivas: hay que rotular los camiones, controlar su seguridad, definir por dónde van y a qué, horas, etc.
Información Ambiental
Toda persona tiene derecho a recibir información sobre el impacto que pueden causar sobre el ambiente las actividades públicas o privadas. Es indispensable que los propios afectados tengan toda la información necesaria sobre los hechos que puedan incidir sobre sus vidas, sin que se pueda alegar secreto empresarial o estratégico.
Plan estratégico
La Constitución ordena hacer un Plan Estratégico que integre los planes ecológicos con los que se hagan en el resto de las áreas de gobierno. El Plan Estratégico va a definir qué, ciudad queremos. Va a ser discutido ampliamente por todos los sectores sociales.
El plan y el código urbano ambiental
La Constitución ordena redactar un Plan Urbano Ambiental y también hacer Códigos de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente. La idea es reunir en un solo lugar todas las normas que tengan que ver con el ambiente humano. Eran tantas que muchas veces resultaban contradictorias entre sí. Para superar esa confusión, se ordena poner en un sólo Plan todo lo que tenga que ver con el cuidado del medio ambiente, protección de los recursos naturales, definiciones técnicas, herramientas de la política ambiental, junto con el manejo de los residuos urbanos (peligrosos o no peligrosos), la contaminación del agua y del aire, los ruidos y el ordenamiento de las fuentes de energía. Y también hay que agregar las normas que crean los instrumentos de coordinación de las acciones del Estado y de los particulares. Y en otros lados se decidían los códigos de edificación y planeamiento, las excepciones, los shoppings y esas horribles autopistas. O sea, todo pasaba por afuera de la política ambiental. Por eso es necesario considerar que el manejo del ambiente y la política urbana son una sola cosa. La forma de aprobar estos Códigos y Planes está pensada para que la gente pueda participar y se tenga en cuenta su opinión.
· Primero la Legislatura de la Ciudad estudia y aprueba el proyecto de Código o de Plan Ambiental.
·Después tiene que convocar a audiencias públicas para discutirlo. Es decir, que tiene que haber reuniones abiertas, con todas las personas que quieran participar y hacer sus aportes o críticas. Esas reuniones son públicas, lo que quiere decir que el periodismo recoge todo lo que allí se diga y se prometa.
· Una vez escuchadas todas las opiniones, la Legislatura se tiene que volver a reunir y discutir otra vez el Código o el Plan Ambiental y aprobarlo, ahora sí, en forma de ponerlo en vigencia.
Esto supone institucionalizar el diálogo, la propuesta y el reclamo social de una manera que nunca había ocurrido hasta ahora.
El ordenamiento ambiental
La Constitución ordena establecer un proceso de ordenamiento ambiental participativo. Es decir, que todo lo que se haga tiene que ser consultado con la población. Pero también se indica qué, cosas cuidar cuando se haga ese ordenamiento ambiental.
Preservar los procesos ecológicos esenciales
Esto quiere decir que hay que mantener los mecanismos ecológicos que permiten que los ecosistemas sigan funcionando. Por ejemplo, la capacidad que tienen los ríos de mantener su agua limpia sin que se pudra. O la fertilidad de los suelos, de la que depende la producción de los alimentos que ingerimos.
Preservar el patrimonio natural y cultural
El medio ambiente no es sólo cuidar los pingüinos y las palomas. También hay que cuidar los edificios históricos (el patrimonio arquitectónico y cultural). Si alguien es dueño, por ejemplo, de un edificio artístico o de una casa en la que vivió Sarmiento, no los puede demoler porque están protegidos por la ley.
