
Se trata de evaluar las consecuencias de una acción, para ver la calidad del ambiente que habría «con” o “sin” dicha acción y de modo que esta evaluación se realice antes de llevarla a cabo con el objeto de:
– efectuar una mejor planificación y propuestas, desde el punto de vista ambiental.
– considerar adecuadamente los factores ambientales por parte de las autoridades públicas, cuando aprueben una propuesta o determinen una alternativa.
Reiterando lo expuesto, se emplea el concepto de evaluación del impacto ambiental como un estudio encaminado a identificar e interpretar, así como para prevenir, las consecuencias o efectos que ciertas acciones o proyectos pueden causar sobre la salud y bienestar humanos y sobre el entorno, o sea, sobre los ecosistemas de los que el hombre vive y depende. Sin embargo, es necesario señalar que las consideraciones ambientales no son el único criterio a seguir en las decisiones de planificadores y/o políticos. En tal sentido, un proyecto que puede no ser aceptado desde el punto de vista ambiental en un cierto emplazamiento, puede ser conveniente llevarlo a cabo si responde a necesidades de tipo social o económico o bien resulte aceptable una vez que se apliquen al mismo las medidas correctoras en función de minimizar su impacto ambiental, o la evaluación del impacto sirva para realizar una optimización de su emplazamiento.
Los estudios de impacto, es necesario puntualizarlo, son complejos y en algunos casos su enfoque es académico, quizás éste último aspecto sea conflictivo ya que las evaluaciones de impacto se deben realizar para que sirvan de herramienta, de documentación de base, en la que pueda fundamentarse el ejecutivo para la toma de decisiones. Asimismo, debe ofrecer a los niveles de decisión ideas claras, concretas, expuestas en forma sencilla y con una serie de alternativas valoradas.
Respecto al concepto de «evaluación de impacto ambiental» el mismo se debe aplicar no solamente a la acepción típica, como es la valoración de la incidencia ambiental de determinadas emisiones (impacto físico) o a los efectos que puedan derivarse de la realización de una obra pública (una autopista, un embalse, un aeropuerto) o cualquier tipo de industria o complejo industrial, sino que se deben incluir también las decisiones políticas o acciones. Es decir, no es posible legislar sin haber evaluado, previamente, que resultados se pueden obtener y que posibilidades reales existen para cumplir lo preceptuado. Con el objeto de clarificar algunas ideas, es necesario puntualizar una serie de principios, a tener en cuenta como marco general para la realización de evaluaciones de impacto y entre ellos:
1 La tecnología o el desarrollo en cuanto a la realización de nuevos proyectos, afecta no sólo al Medio Ambiente Natural, en sus aspectos físicos y biológicos sino, fundamentalmente, a los sistemas sociales y económicos. A éste respecto, cabe señalar que la evaluación de tecnologías es un paso más avanzado aún, es decir es un paso posterior que completa la evaluación de impactos.
2 Tanto las evaluaciones de impacto como las de tecnologías, tienen un alto costo.
A pesar de ello, las medidas correctoras a aplicar posteriormente si no se hace una evaluación previa, son muchísimo más costosas, por lo tanto, la rentabilidad de éstos estudios es inmediata. Por consiguiente, conviene señalar la forma correcta en la que se debería operar, pero sobre la base de las reales posibilidades operativas para la ejecución, vale decir centrar el objetivo en las condiciones de factibilidad de cada instancia del proyecto. Por otra parte, éstos estudios, si no están correctamente planteados y dirigidos, pueden utilizarse para limitar el crecimiento de una zona, vale decir se convierten en un argumento para frenar el desarrollo. Según el enfoque que se dé y el universo o unidad de análisis seleccionada (sistema regional, sistema ambiental, asentamientos humanos, etc.) para el estudio, la información de base requerida será diferente y en algunos casos puede ocurrir que la evaluación final no permita obtener resultados concretos y por consiguiente, no sirva al nivel ejecutivo para una correcta toma de decisión. Por ello, es importante fijar claramente los objetivos y explicitar las limitaciones para cumplir dichos objetivos. En éste sentido, cabe señalar que la información es la base de una gestión adecuada; sin información ambiental correcta, las decisiones del ejecutivo pueden ser arbitrarias.
Los indicadores de impacto más sencillos y correctos de utilizar, serían las normas o estándares de calidad y uso del medio aire, agua, suelo, ruido, etc.) especialmente cuando están aprobados por una legislación, pero esto generalmente no ocurre. En especial en nuestros países, encontramos alguna normalización sectorial que no abarca todas las instancias de jurisdicción (nacional, provincial, municipal). Otro problema, cuya discusión implicaría un estudio particularizado, es si tales niveles en sus valores numéricos son adecuados o no, pero lo importante es rescatar la necesidad de normalizar y a partir de allí que los valores adoptados como indicadores de impacto, resulten adecuados, aunque no se refieran al conjunto del problema. Es evidente que estos estándares de emisiones e inmisiones no son más que una parte del sistema de evaluación y siempre referido a impacto físico. Por eso intentamos, reforzar el concepto que una evaluación de impacto es algo más que el estudio de los aspectos referidos a la contaminación o la salud ya que. reiteramos, es fundamental contemplar las distintas alternativas de usos del espacio y su incidencia socioeconómica.
