La ONU advierte sobre el inminente aumento masivo de la contaminación plástica

Botella plástica flotando bajo el agua entre algas doradas, iluminada por la luz solar que atraviesa la superficie marina azul.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lanzó una advertencia contundente: sin un acuerdo internacional, los residuos plásticos podrían triplicarse para 2060. El organismo subraya que este escenario afectaría de manera directa a la salud humana, a los ecosistemas y a la economía global. El foro de negociación en la sede de la ONU en Ginebra se ha convertido en el espacio central para intentar alcanzar un tratado jurídicamente vinculante que aborde el problema de raíz.

Contaminación plástica: un problema en crecimiento

Las cifras presentadas por el PNUMA reflejan la magnitud de la amenaza. En 2024 la humanidad consumió más de 500 millones de toneladas de plástico, de las cuales 399 millones se convirtieron en residuos, según detalló Jyoti Mathur-Filipp, secretaria ejecutiva del Comité Intergubernamental de Negociación sobre la Contaminación Plástica. Las previsiones advierten que, de no mediar medidas concretas, las fugas de plásticos al medio ambiente podrían aumentar un 50% para 2040, con costos acumulados de daños que alcanzarían los 281 billones de dólares entre 2016 y 2040.

La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, enfatizó que el reciclaje, aunque importante, no resolverá por sí solo la crisis, y sostuvo que lo necesario es una transformación sistémica orientada a una economía circular. Este planteo refuerza la idea de que las soluciones parciales no bastan frente a un fenómeno que abarca desde la producción hasta la disposición final de los materiales plásticos.

Negociaciones internacionales para un tratado vinculante

El proceso de negociación comenzó en 2022, cuando los Estados miembros acordaron desarrollar un instrumento internacional jurídicamente vinculante en un plazo de dos años. Desde entonces se han realizado cinco sesiones: la primera en Uruguay en noviembre de 2022, dos en 2023 en Francia y Kenia, otra en Canadá en abril de 2024 y la más reciente en Busan, Corea del Sur, que concluyó con la decisión de reanudar las conversaciones en Ginebra.

Del 5 al 14 de agosto de 2024, delegaciones de 179 países, junto con más de 1900 representantes de organizaciones observadoras, la comunidad científica, sectores ambientalistas e industriales, se dieron cita en la sede de la ONU en Ginebra. El objetivo central de este encuentro fue analizar un documento de 22 páginas con 32 borradores de artículos, concebido como base de discusión para definir los alcances del futuro acuerdo.

El presidente del Comité Intergubernamental de Negociación, el embajador ecuatoriano Luis Vayas Valdivieso, dirige los debates que buscan consensuar medidas concretas que permitan limitar la producción y el impacto de los plásticos.

Enfoque en la circularidad de los plásticos

El borrador del acuerdo establece que el tratado debe abarcar el ciclo de vida completo de los plásticos: desde su diseño y fabricación hasta su uso y disposición final. La idea central es promover la circularidad y evitar la fuga de estos materiales al medio ambiente. Para alcanzar este propósito, se consideran propuestas que incluyen la reducción de productos de un solo uso, el desarrollo de alternativas más seguras y la sustitución de materiales en sectores clave como el envasado y la industria cosmética.

Durante las negociaciones también se intercambiaron experiencias nacionales sobre medidas aplicadas para reducir el consumo de plásticos, como el reemplazo de popotes, vasos, bolsas y otros artículos de corta vida útil por opciones reutilizables o biodegradables. El tratado, según sus impulsores, tendría un rol similar en importancia al Acuerdo de París en materia de cambio climático, al establecer un marco común y legalmente vinculante que comprometa a los países a actuar de manera coordinada.

Impacto en la salud humana y los ecosistemas

La revista médica The Lancet difundió en paralelo a las negociaciones un análisis de expertos en salud que advierte sobre los efectos de los plásticos en todas las etapas de la vida humana. El informe concluye que los materiales utilizados en estos productos generan enfermedades desde la infancia y afectan especialmente a bebés y niños pequeños, considerados un grupo de alta vulnerabilidad.

Los especialistas sostienen que los plásticos representan un riesgo grave y poco reconocido tanto para la salud como para el medio ambiente, con pérdidas económicas relacionadas con la atención médica que superan los 1,5 billones de dólares anuales. Además, señalan que la exposición a microplásticos y a sustancias químicas asociadas no se limita a zonas de vertederos u océanos, sino que se extiende a contextos urbanos y rurales.

La contaminación plástica también repercute de manera directa en la biodiversidad marina. Bolsas, envases, popotes y microesferas plásticas terminan en el océano, donde afectan a peces, aves y mamíferos marinos, provocando enredos, bloqueos digestivos y envenenamientos que alteran las cadenas alimentarias.

Presiones económicas y debates en torno al tratado

Los negociadores reconocen que existen tensiones en torno al alcance del futuro acuerdo. Algunos países productores de petróleo y gas, cuyas economías dependen en gran medida de estos recursos, han sido señalados por ejercer presión para limitar la ambición del tratado, ya que estos hidrocarburos constituyen la materia prima básica para la producción de plásticos.

Los defensores del instrumento sostienen que sin restricciones en la producción y consumo, cualquier intento de reciclaje será insuficiente. La transformación, según se plantea, requiere compromisos firmes que incluyan la modificación de patrones de diseño, el fomento de materiales alternativos y la adopción de políticas regulatorias estrictas.

Greenpeace, entre otras organizaciones ambientalistas, advirtieron que el futuro del acuerdo dependerá de la capacidad de los países de superar diferencias económicas y políticas y de comprometerse con medidas de alcance global. Lo que está en juego es el manejo de un problema que ya no se limita a la gestión de residuos, sino que involucra de manera directa la salud humana, la biodiversidad y la estabilidad económica en las próximas décadas.