
Tanto en la gestión de los residuos industriales como en la de los residuos urbanos existen experiencias de éxito de las que aprender y que requieren planificación y políticas activas. En el sector empresarial se ha hablado de «simbiosis industrial» para referirse al hecho de que los residuos de unas empresas pueden adquirir un valor económico si son utilizados como recursos por otras empresas. Ello puede ser así en casos de aprovechamiento de residuos materiales, con lo que se evita, además, el coste de gestionar los residuos, y también en el uso de flujos energéticos, como cuando el calor residual de una empresa es utilizado por otras empresas o para calefacción residencial. Para establecer las relaciones simbióticas la información es clave, como también lo es la proximidad física entre empresas «complementarias». En el caso de los residuos urbanos, la condición previa para su aprovechamiento es la existencia de sistemas adecuados de recogida selectiva y, por supuesto, la colaboración de los ciudadanos, que puede ser puramente voluntaria o también incentivada con instrumentos económicos.
Una de las características del actual uso de materiales es el enorme volumen de transporte que se produce entre diferentes zonas del mundo. Ello dificulta el reciclaje y por sí solo implica elevados costes energéticos de transporte. El intercambio de bienes entre diferentes territorios puede comportar sin duda ventajas económicas, sociales y, en algunos casos, incluso ecológicas. Sin embargo, también existen argumentos que sostienen que la globalización comercial se ha extendido demasiado y que las políticas aplicadas a ese tema deberían orientarse hacia economías locales mucho más auto centradas, promoviendo la diversificación económica y el consumo de proximidad. Ello permite no solo disminuir los costes de transporte, sino también hace a las economías más resilientes respecto a los cambios exteriores y permite una mayor conciencia de las restricciones y efectos ecológicos de los estilos de vida.
PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
Muchos problemas ambientales van acompañados de incertidumbre. Los ecosistemas son complejos y cl conocimiento humano es limitado. Un ejemplo relevante es el cambio climático Los modelos climáticos avanzan y son una herramienta útil pero no se sabe exactamente qué puede ocurrir futuros de emisiones y ni siquiera hay bases razonables para medir con precisión probabilidades cuantitativas de los diferentes resultados posibles. Ante la incertidumbre se ha planteado el principio de precaución. Cuando existe una duda razonable de que puede producirse una situación desastrosa y los costes de evitarla, el principio comporta situarse en el peor de los casos y actuar en consecuencia.
Ello no implica ser especialmente pesimista; basta con ser lo suficientemente precavido para no tener que arrepentirse en el futuro de no haber actuado para evitar un posible desastre. El principio contrario es la frecuente actitud pasiva mientras no se demuestre la peor de las posibilidades, cuando los efectos de la inacción pueden ser ya irreversibles. El principio de precaución es una guía de actuación, aunque no resuelve todos los dilemas. El riesgo cero no existe y un exceso de cautela puede significar oportunidades perdidas, pero, dada la experiencia acumulada, seguramente vale más pecar de exceso de precaución que de lo contrario. Se han estudiado muchos casos de advertencias sobre problemas ambientales o de salud pública que fueron ignoradas por los poderes públicos (lo que se puede llamar «falsos negativos»); pero es difícil encontrar ejemplos en sentido contrario, es decir, de actuaciones costosas que después resultaron inútil al demostrarse que respondían a una alarma injustificada (falsos positivos). Esto es lo que concluyeron dos amplios informes realizados por la Agencia Europea del Medio Ambiente, publicados con el significativo título de lecciones tardías de alertas tempranas.
También es preciso tomar con precaución las posibilidades que abrirán en cl futuro las nuevas tecnologías, al menos por dos razones. Una, ya comentada, es que muchas innovaciones tecnológicas que en su momento se juzgaron solo por sus aspectos positivos luego generaron importantes problemas es que el ritmo de introducción de innovaciones tecnológicas es muy imprevisible y una excesiva confianza en grandes descubrimientos futuros puede frenar el desarrollo de tecnologías de bajo impacto ya experimentadas.
¿Soluciones tecnológicas o fantasías desmedidas?
Un buen ejemplo de optimismo tecnológico exagerado es el que frecuentemente se ha mostrado respecto al futuro de la producción eléctrica a partir de la fusión nuclear. En 1954 el presidente de la Comisión de Energía de Estados Unidos llegó a afirmar es una conferencia que nuestros hijos disfrutarán en sus casas de energía eléctrica demasiado barata como para ser medida». Desde hace muchas décadas se oye decir que la aplicación comercial de esta fuente de energía estará disponible en quince o veinte años. Pero esos quince o veinte años se desplazan en el tiempo sin que hasta el momento haya perspectiva inmediata de aplicación comercial Se dice también que no presentará problemas similares a los de la energía de fisión nuclear, aunque en realidad los riesgos de esta también fueron totalmente infravalorados y se desconoce lo que podría deparar el uso comercial de la fusión. En definitiva, se trata de una alternativa energética muy incierta y centralizada con gran impacto potencial, que contrasta con las opciones descentralizadas ya experimentadas y de bajo impacto.
Frente al cambio climático también se han planteado grandes soluciones tecnológicas de intervención. Es lo que se llama «geoingeniería». Las propuestas se dividen entre las que se orientan a evitar o dispersar la energía solar entrante y las que, intentan captar y retirar el dióxido de carbono. Algunas ideas son tan desmesuradas que rozan la ciencia ficción, como por ejemplo inundar la estratosfera de compuestos de azufre que reflejen parte de la radiación solar o disolver cantidades masivas de hierro en los océanos para favorecer el crecimiento de plancton que absorba carbono. El planteamiento/ es que reducir la emisión de gases de efecto invernadero se considera imposible o demasiado costoso y, por tanto, conviene buscar otras soluciones. Richard Branson, presidente de la compañía aérea Virgen, sin duda poco interesado económicamente en que disminuyan los vuelos en avión, creó en 2007 un premio dotado con 25 millones de dólares para promover la búsqueda de soluciones comerciales a la captura de carbono.
