
La ecologista argentina promueve iniciativas que conectan a las comunidades, la ciencia y las políticas públicas desde su puesto en WWF para América Latina. Su carrera evidencia que la protección de la biodiversidad es también una apuesta por la dignidad y la equidad de las personas.
Una argentina con mirada global
Usted quizás no haya escuchado su nombre tanto como el de las figuras más mediáticas del ambientalismo, pero Luciana Guglielmo lleva más de dos décadas trabajando desde la trinchera técnica y diplomática por la protección de los ecosistemas latinoamericanos.
Guglielmo, que nació en Buenos Aires y estudió Ciencias Ambientales en la UBA, ha estado coordinando desde el año 2018 las campañas de preservación de WWF Latinoamérica, enfocándose principalmente en los océanos, los bosques y el cambio climático. Su carrera inició en la Fundación Vida Silvestre Argentina, que es el socio local de WWF. Posteriormente, lideró proyectos a nivel regional enfocados en la restauración de bosques y el desarrollo sostenible en Gran Chaco y Amazonía.
«En América Latina, la desigualdad no puede desconectarse del ambiente. En una entrevista con National Geographic en Español, afirmó: «La preservación sin justicia social no tiene futuro». «Si las comunidades no obtienen beneficios de la naturaleza, acabarán siendo forzadas a destruirla para subsistir.»
Los bosques como política de Estado
WWF, bajo su coordinación, promovió el programa «Bosques Vivos», que se dedica a restaurar más de un millón de hectáreas deterioradas en Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay. En lo que respecta a Argentina, el énfasis se encuentra en el Chaco Seco, donde la tala de árboles avanza sobre los territorios indígenas y rurales.
Guglielmo le dijo a El País América: «La pérdida de cada árbol implica una disminución del agua, de la tierra fértil y un aumento de la pobreza». «Por lo tanto, subrayamos que las políticas medioambientales no deben ser un complemento del desarrollo, sino su fundamento.»
Además, fomentó la formación de corredores biológicos que vinculan áreas productivas con reservas naturales. «Conservar no es separar, sino integrar. Es necesario que los gobiernos comprendan que la biodiversidad es una infraestructura natural, ya que sostiene la economía, la agricultura y la vida.
La nueva generación de liderazgo ambiental
Guglielmo, a diferencia de las viejas perspectivas que se enfocaban solamente en la denuncia, prefiere el diálogo multisectorial. Toma parte en mesas de trabajo con gobiernos, empresas y comunidades para promover prácticas sustentables. «Además de encontrar a los culpables, es necesario construir soluciones reales y viables», dijo en la presentación del Informe Planeta Vivo 2024.
Su estilo es práctico, pero no por eso deja de ser convincente. En Santiago de Chile, durante una conferencia que fue organizada por la CEPAL, alertó: «La transición ecológica no será viable si no involucra a las personas que han sido marginadas en la historia: los pueblos indígenas, las mujeres del campo y la juventud. “Ellos son los auténticos custodios de la naturaleza.”
Lo que viene
Además de su trabajo en WWF, Guglielmo representa a América Latina en el Consejo Asesor del Programa de Biodiversidad del PNUD y colabora con la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES).
Desde allí, fomenta que en los proyectos medioambientales se incluyan criterios de género y sociales.
La biodiversidad no se protege con decretos: la salvaguardamos cuando alguien es capaz de vivir dignamente sin arruinar su medio ambiente, aclara.
