Biodiversidad patagónica: liberan 15 ñandúes en un parque nacional de Chile

Ñandú caminando en la estepa patagónica, rodeado de pastizales secos.

A fines de abril, la biodiversidad de la estepa patagónica se fortaleció con la reintroducción de 15 ñandúes en el Parque Nacional Patagonia Chile, en la Región de Aysén. Los 15 choiques (también conocidos como ñandúes patagónicos) fueron trasladados desde el Parque Patagonia Argentina, ubicado al otro lado de la cordillera.

Esta reubicación se convirtió en la primera translocación binacional de fauna silvestre registrada en América Latina, un logro coordinado entre las organizaciones ecologistas Rewilding Chile y Rewilding Argentina. El objetivo de esta iniciativa es recuperar la población de esta especie clave para los ecosistemas de la estepa patagónica. 

¿Por qué los choiques son importantes para biodiversidad de la estepa patagónica?

En un ecosistema vasto y abierto como la estepa patagónica, los choiques (Rhea pennata) tienen un rol fundamental ya que, a través de su alimentación, se encargan de dispersar semillas de diferentes pastizales y arbustos nativos. Esto contribuye a la regeneración de la flora, lo que a su vez evita que el suelo se erosione y ayuda a sostener la cadena alimentaria. 

Por este motivo, los científicos consideran la presencia o ausencia de estos ñandúes como un indicador del estado de salud del entorno patagónico. Y no es raro que, aquellos lugares donde los choiques han desaparecido, muestren una pérdida progresiva de biodiversidad. Por eso, los expertos explican que es una especie crucial para proteger a muchas otras dentro del ecosistema. 

¿Cómo fue el trabajo de Rewilding para liberar a los ñandúes?

Para reintroducir estos 15 choiques en la estepa de Aysén, los colaboradores de Rewilding Chile y Rewilding Argentina trabajaron durante meses. El proceso comenzó con la captura de los individuos en el Parque Patagonia Argentina, donde los veterinarios los evaluaron para garantizar que tuvieran un buen estado de salud y descartar enfermedades que pudieran afectar a otras poblaciones silvestres. 

Tras superar esta etapa, los animales fueron trasladados a corrales de cuarentena, primero en Argentina y luego en Chile, donde se buscó que se adaptaran de forma progresiva al nuevo entorno. Para poder transportarlos, hizo falta la coordinación de organismos como la Corporación Nacional Forestal (CONAF), el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), además de personal de Aduanas, Carabineros y los ministerios de Agricultura de ambos países. Todos ellos garantizaron que se cumplan todos los protocolos sanitarios y logísticos, en un trabajo de cooperación sin precedentes en la región. 

El control post liberación

Una vez instalados en los corrales de pre-suelta del Parque Nacional Patagonia Chile, un grupo de especialistas se encargó de monitorear que los choiques mostraran comportamientos compatibles con la vida en libertad. Para ello se requirió esperar a que las condiciones ambientales fueran favorables, de modo de maximizar las probabilidades de adaptación y supervivencia. 

Por la complejidad técnica y logística, esta liberación representa una verdadera apuesta por la restauración de la fauna silvestre de la estepa patagónica. Pero además de convertirse en un hito histórico, la restauración es una muestra de que cuando se planifica y se coopera, es posible revertir décadas de retroceso ecológico.

¿Por qué habían desaparecido los choiques? 

Desde hace décadas, los choiques de la Patagonia chilena vienen siendo víctimas de múltiples amenazas. Entre las principales causas de su desaparición se encuentra la caza indiscriminada, tanto por su carne como por sus huevos. Este flagelo ha reducido drásticamente la población de estos animales en amplias zonas del territorio de Aysén. 

Organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile vienen denunciando desde hace años la falta de reglamentaciones que garanticen su protección y que permitan ejercer un mayor control sobre el territorio, especialmente en zonas alejadas de los centros urbanos. 

A la caza también se suma el avance de la frontera agropecuaria, que ha transformado grandes extensiones de estepa en territorios cerrados por alambrados. Estas redes impiden que los choiques se muevan con naturalidad, fragmentando sus hábitats y limitándoles el acceso a zonas clave para su alimentación y reproducción. Además, la fragmentación pone en riesgo la diversidad genética, ya que aísla los grupos.