Pablo Manzano, el ecólogo que pide mirar más allá del metano

Hombre sostiene una trufa negra sobre una pala y levanta el pulgar en señal de éxito.

Para Pablo Manzano Baena, doctor en Ecología e investigador del cambio climático, el verdadero problema no está en cuántas vacas hay en el mundo, sino en el petróleo que seguimos quemando. “El cambio climático no tiene que ver con que haya más o menos animales, sino con los combustibles fósiles”, dice con convicción desde Helsinki, donde trabaja como parte del grupo de Cambio Global y Conservación de la Universidad.

Manzano cuestiona es una narrativa simplista que pone todo el peso del calentamiento global sobre las vacas, dejando intacto el corazón del problema: la industria fósil.

“No todo gas es igual”

Según los informes más citados, la agricultura y la ganadería serían responsables de una cuarta parte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Pero Manzano pide afinar la lupa: “Tenemos que distinguir entre lo que es natural y lo que es antropogénico. El CO₂ que exhalamos al respirar no está calentando el planeta. Si quema carbón, por ejemplo, eso sí es un problema”.

Ahí entra otro punto clave: el metano. “Es un gas potente, pero se queda solo unos doce años en la atmósfera. En cambio, el CO₂ puede permanecer más de mil. Y sin embargo, los comparamos en función de su calentamiento a cien años. Es como pasarle el problema a nuestros nietos”, señala.

La ganadería, asegura, lleva miles de años conviviendo con la humanidad. “Hace seis mil años ya había grandes cantidades de animales domesticados, y no por eso hubo crisis climática. El cambio llegó con la Revolución Industrial”.

Lo que sí está en discusión, sostiene, es el modelo. Para él, no es lo mismo una granja industrial que una trashumancia. “Un rebaño trashumante puede emitir más metano porque consume más celulosa, pero no requiere piensos ni combustibles fósiles. En cambio, una granja intensiva usa energía, fertilizantes, transporte… y todo eso suma emisiones de carbono fósil”.

A eso se suma el papel ecológico de los grandes herbívoros. “Si quitás a las vacas, alguien va a ocupar su lugar. Puede ser un ñu, una termita o el fuego. El pasto no desaparece. Si no se consume, puede terminar quemándose. Lo importante es entender los ciclos ecológicos, no pensar que los humanos y la naturaleza son dos cosas separadas”.

¿Menos carne para todos?

Para quienes promueven reducir el consumo de carne como solución al cambio climático, Manzano lanza una advertencia ética: “Ese discurso funciona en países ricos, donde la malnutrición no es un problema. Pero en África, por ejemplo, la falta de proteína animal causa retraso en el crecimiento infantil. ¿Cómo les vamos a decir que coman menos carne desde Europa?”

Tampoco le convence la idea de reemplazar la ganadería por cultivos vegetales masivos. “Una dieta vegana a escala global implicaría deforestar para cultivar más. Y además, la ganadería bien manejada puede jugar un rol positivo en la biodiversidad, en el ciclo del carbono y en el sustento de millones de familias”.

Entre pastores y depredadores

Manzano es un defensor declarado de la trashumancia. “Es el equivalente doméstico de la migración de herbívoros en el Serengueti”. Pero también reconoce los desafíos, sobre todo cuando se habla del lobo.

“Para algunos ganaderos es una amenaza real, pero hay herramientas: perros, cercos eléctricos, vigilancia. Si como sociedad queremos lobos, hay que financiar su coexistencia”.

La importancia de la ecología

Lejos de las soluciones mágicas o los slogans fáciles, Manzano reclama una visión más compleja. “ Plantar árboles puede sonar bien, pero a veces implica cambiar ecosistemas abiertos por bosques cerrados que retienen más calor y disminuyen la biodiversidad”.

Incluso cuando se piensa en reforzar la ganadería sostenible, plantea desafíos logísticos. “Hace falta más apoyo, más pastores, y una revisión de normativas absurdas como prohibir que los mastines trabajen sueltos”.

“No toda la ganadería es igual. Tenemos que dejar de meterla en la misma bolsa. Si lo hacemos bien, no solo podemos reducir el impacto climático, sino mejorar la vida en el campo y conservar los ecosistemas”, concluyó.