EL USO CIRCULAR DE LOS MATERIALES PARA EL CUIDADO AMBIENTAL

EL USO CIRCULAR DE LOS MATERIALES PARA EL CUIDADO AMBIENTAL

Fuera del difícil terreno de los acuerdos internacionales, hay lugar también para la acción más descentralizada de los individuos, los movimientos sociales, las administraciones locales y las nacionales. Esos esfuerzos pueden tener efectos ínfimos considerados uno a uno, pero en conjunto pueden ser significativos para reducir emisiones y para generar nuevas experiencias y presión para que se alcancen acuerdos globales. Las motivaciones para realizar acciones descentralizadas residen no solo en el posible compromiso moral con una causa global, sino en otros potenciales beneficios derivados de la progresiva reducción del uso de los combustibles fósiles.

Los ejemplos son múltiples y a muchos niveles. Los individuos que prescinden del coche para ir a pie, en bicicleta, o que utilizan el transporte público pueden mejorar su salud y ahorrar dinero. Las ciudades que reduzcan radicalmente el uso del coche mejorarán la calidad del aire y, con ello, la esperanza de vida de sus habitantes, y además el entorno se volverá más amable y seguro. Las sociedades que logren utilizar sus recursos energéticos locales disminuirán su dependencia energética respecto al exterior, ahorrando divisas y reduciendo el riesgo económico de posibles crisis de provisión de recursos. La reducción del uso de carbón en países como China mitigaría los graves problemas de salud pública debidos a la contaminación atmosférica, ya que la quema de carbón genera no solo dióxido de carbono, sino también contaminantes locales.

En un marco económico mundial de creciente extracción de materiales y de desecho de residuos ha aumentado el debate sobre las posibilidades de «desmaterialización» de los países ricos. La expresión no se refiere a que las economías no utilicen materiales cosa obviamente imposible, sino a que disminuya su dependencia de la extracción de nuevos materiales a pesar de proveer más y más servicios. Ello se podría lograr aumentando la eficiencia y desarrollando actividades económicas basadas en la información más que en el movimiento de materiales. Algún ejemplo en este sentido es espectacular, como sucede al comparar el peso y las prestaciones de los primeros ordenadores con el de los actuales. Pero es necesario distinguir entre los materiales utilizados por ordenador (o, mejor, por unidad de información procesada) y los materiales totales utilizados para fabricar ordenadores; es decir, entre la desmaterialización relativa y la absoluta, que es la relevante ambientalmente. Lo mismo ocurre en otras actividades y en la economía en su conjunto. Los países ricos han tendido, excepto en algunos períodos de crisis económica, a mover mǎs y más materiales (si se hace este cálculo a escala global y no dentro de las fronteras de estos países), a pesar de que en muchos casos se han producido grandes mejoras en términos relativos.

Las estrategias para disminuir la dependencia de la extracción de materiales se pueden resumir en la consigna que hace tiempo popularizó el pensamiento ambientalista con la propuesta de las «tres erres»: reducir, reutilizar y reciclar. Reducir tiene que ver básicamente con moderar el consumo, con el uso compartido de bienes y con la durabilidad de los productos. Reutilizar y reciclar apuntan a «cerrar los ciclos de materiales, introduciendo la distinción entre reutilizar bienes y reciclar materiales para fabricar nuevos materiales; por ejemplo, la diferencia existente entre limpiar y volver a rellenar envases de vidrio de bebidas o triturarlos para fabricar vidrio de nuevo.

El objetivo de cerrar los ciclos de materiales se ha presentado a veces en términos de estrategia de «residuo cero». Este lema puede ser útil para orientar las políticas, aunque no hay que tomárselo al pie de la letra. Excepto en economías preindustriales que únicamente utilizan materiales biodegradables y lo hacen en cantidades asimilables por la naturaleza, cierta dispersión de residuos materiales es inevitable y, por tanto, el «residuo cero» de materiales, el reciclaje al 100%, es imposible. Esta es una de las razones por las que reducir se considera mejor que reciclar. Aún más equívoca es la expresión «economía circular», no solo por la imposibilidad de la circularidad total de determinados materiales, sino porque solo es aplicable en el caso de los materiales. El uso de la energía tiene necesariamente un carácter entrópico; esta característica significa la conversión inevitable de la energía útil era energía dispersa en forma de calor, y por lo tanto no reutilizable.

En cualquier caso, hay multitud de posibilidades para aprovechar los potenciales residuos como nuevos recursos, para pasar de lo que gráficamente se ha llamado «de la cuna a la tumba» a «de la cuna a la cuna». Los avances en este sentido permiten reducir la dependencia respecto a la extracción de materiales (muchas veces importados) y la generación de residuos que provocan impactos ambientales. Desde el punto de vista energético, el cierre de los ciclos de materiales tiene costes, aunque con frecuencia supone un ahorro respecto de la extracción y utilización de materiales vírgenes.