Desarrollo versus ambiente

Desarrollo versus ambiente

Julio Roca dijo: “Recuerdo que, cuando visité Río de Janeiro por primera vez en 1898, tuve que improvisar un discurso en la Municipalidad. Viendo el estallido sensual, avasallador, de la vegetación en sus morros, se me ocurrió hablar de un tema que en ese momento se me pareció muy claro: ¿tenemos derecho los hombres a invadir y violar los derechos de la naturaleza? ¿Cómo se puede establecer dije en esa oportunidad la línea divisoria entre las frondosidades de la tierra desbordante y la obra de progreso que se requiere realizar? ¿Dónde detenerse? ¿Hasta dónde avanzar? La mano que trata de ser benéfica puede ser profanadora y sacrílega…».

La naturaleza es un sistema: “Por ejemplo, todos los años crece aproximadamente la misma cantidad de hierba en un valle determinado. La hierba sustenta a una población de unos 10.000 conejos en la que hay suficientes conejos lentos, tontos o infortunados para proporcionar presas a un centenar de zorros. Si un zorro es muy diligente y captura más conejos de lo habitual, probablemente otro zorro se morirá de hambre. Si todos los zorros consiguen capturar más conejos simultáneamente, la población se derrumbará, y al año siguiente muchos zorros morirán de hambre. Aunque fluctuaciones ocasionales en el mercado de conejos, a La larga los zorros no pueden confiar en cazar, pongamos por Cas, un 37 más de conejos por año que el año anterior». Las ideas de desarrollo sustentable y consumo sustentable estén basadas, justamente, en la necesaria ponderación entre la necesidad de riqueza y los límites que deben respetarse. El ambientalismo extremo, que propone volver a una sociedad que solo viva de lo que produce la naturaleza, sin alteración humana, no puede dar una solución a la pobreza ni a las demandas de miles de personas que, en toda la planta, reclaman por mejores productos y servicios. Nuevamente, no hay solución mediante la polarización, y por eso es tan importante estudiar el modo en que podemos construir consensos.

David y Goliat en la minería

Los conflictos en el área de la minería son demostrativos del enfrentamiento entre grandes empresas o el propio Estado, con grupos de personas que viven en las cercanías. A primera vista es una pelea desigual, pero hay ejemplos de que el idealismo de unos pocos que no claudican en el tiempo logra resultados en el mediano plazo, independientemente de la valoración final que cada uno realice. En la lucha siempre se encuentra un tribunal que toma una decisión que equilibra la desigualdad. Ello no quita que el problema sigue siendo difícil y complejo. La solución de permitir sin límites lleva al desarrollo de un sector durante un tiempo, pero en el mediano plazo conduce al agotamiento de los recursos y la pobreza. La solución de prohibir de modo absoluto puede parecer muy atractiva, pero en el largo plazo también condena a la pobreza de esas mismas poblaciones o de un país entero. Por eso es necesario un procedimiento adecuado para evitar la oscilación permanente entre la autorización sin límites y la prohibición total, y evite también los enormes costos en materia de salud humana, así como el sacrificio de los líderes que luchan en cada sitio. Estas experiencias exhiben la necesidad de procedimientos estables que encaminen hacia un desarrollo sustentable La complejidad de algunos de estos conflictos ilustra bien el problema.

El caso Llurimagua

En Ecuador, hay un valle llamado Intag donde se juntan dos ecosistemas: una parte de El Chocó ecuatoriano y los Andes Tropicales. En este extenso valle en la provincia de Imbabura, al norte del país, sus habitantes durante casi tres décadas se han enfrentado al Estado ecuatoriano para evitar la minería. Desde 2011 han centrado sus esfuerzos en detener, en particular, el proyecto Llurimagua. Nueve años después, lo han conseguido: el 24 de septiembre de 2020, una jueza les concedió una acción de protección y medidas cautelares para cuidar a la naturaleza.

La demanda presentada por la bióloga Andrea Terán dice que la industria minera en Llurimagua amenaza de forma inminente y grave a las ranas arlequín hocicuda (Atelopus longirostris) y nodriza confusa (Etopoglossus confusus), que están en peligro de extinción, según la lista roja elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La historia minera en Íntag se remonta a la década de los noventa, cuando la empresa japonesa BishiMetals, subsidiaria de Mitsubishi, inició la exploración minera en la zona. En la concesión de 4829 hectáreas se cree que hay aproximadamente 2,26 millones de toneladas de cobre, suficientes para construir 90 estatuas de la Libertad. La preocupación por la minería empezó en las comunidades, y en 1995 se conformó la Defensa y Conservación Ecológica de Íntag (Decoin), una organización creada para cuidar los bosques de la región. Un año después, la compañía presentó a los habitantes locales un estudio de impacto ambiental que, según Decoin, mostraba que el proyecto de los japoneses contaminaría los ríos y que los bosques serían destruidos. Entonces, la resistencia se hizo más fuerte, y en 1998, cuenta el activista y cofundador de la Decoin Carlos Zorrilla, la empresa BishiMetals se fue de Íntag. Pero la oposición no terminó ahí. En 2004, la empresa canadiense Ascendant Copper, que luego cambió su nombre a Copper Mesa, llegó a Íntag para hacerse cargo de las áreas de concesión minera que le pertenecían a BishiMetals. Los locales se opusieron de inmediato. Un informe elaborado por Corporate Europe Observatory un grupo de investigación que trabaja para exponer las malas prácticas de las corporaciones dice que la minera canadiense habría incurrido en actividades que atentaron contra el medio ambiente y la integridad de las comunidades. El asunto escaló al punto que, en 2005, habitantes del valle de Intag incendiaron un campamento de la compañía.