
Es evidente, que para nuestra concepción se hace necesario destacar expresamente el componente humano, que no se agota en lo biótico, o en el consumidor heterotrófico, ya que lo humano se distingue de lo biótico instintivo animal por su formación psicobiótica primaria propiamente humana. Esta formación psicobiótica primaria se vincula con dimensiones que trascienden de lo psicobiótico como son la teorética cognitiva y la valorativa espiritual. La capacidad de conocer, de proyectar la acción, de crear bienes e instrumentos artificiales, de modificar sustancialmente su ambiente en el contexto de la libertad situada y las facultades valorativas y optativas que distinguen a la persona, nos indican diferencias cualitativas profundas con los otros seres.
Las poblaciones humanas son componentes de los ecosistemas con características cambiantes, a un ritmo y velocidad muy superior al que se puede verificar en las especies vegetales y animales, con una alta capacidad creciente de transformación de su ambiente y con la posibilidad de elegir un sentido u otro para su acción, gestión y operación en los ecosistemas, en el marco de la organización social e institucional, de la historia cultural y de la red de relaciones interpersonales o mediáticas. Las funciones principales en los ecosistemas se clasifican en ciclos de energía (endo y exo energía), cadenas y redes tróficas, ciclos biogeoquímicos, actividades productoras y degradadoras de materia orgánica, en una dinámica que genera procesos de reproducción, crecimiento, evolución, control y homeostasia. Observamos que la acción de las poblaciones humanas produce cambios cualitativos y cuantitativos en cada uno de los ciclos, comprometiendo el reciclaje normal y regular.
La interacción entre los componentes caracteriza la dinámica del ecosistema, interacción que se concreta a través de las relaciones intraespecíficas e interespecíficas. Relaciones que pueden ser de neutralidad, de ayuda unilateral, mutua, circunstancial obligatoria o de competencia y predación. Las relaciones en el interior de las poblaciones humanas son denominadas relaciones sociales, constituyéndose grupos sociales primarios y secundarios que también sostienen relaciones de carácter interespecífica con otra poblaciones animales y vegetales de las comunidades bióticas. Se denomina ecotono a las zonas de intersección entre diferentes ecosistemas que poseen componentes propios y componentes comunes con los ecosistemas que interseccionan entre sí.
Poblaciones y Comunidades
Se define a la población como un grupo de organismos de la misma especie que ocupa un lugar determinado en el ecosistema y que como población tiene algunas propiedades que afectan al conjunto de los organismos individuales, como son: densidad, natalidad, mortalidad, límite de edad, distribución, potencial biótico, dispersión y forma de desarrollo. Estas poblaciones tienen un hábitat representado por el lugar donde viven o el espacio físico en que se encuentran, y un nicho ecológico vinculado a la función que dicha población cumple en el ecosistema como parte de una comunidad biótica. Hay poblaciones afines de diferentes regiones geográficas, debido a que ocupan nichos ecológicos similares, son los llamados equivalentes ecológicos; son especies distintas que pueden estar emparentadas taxonómicamente si pertenecen a regiones geográficas cercanas, pero que por lo general son de caracteres taxonómicos diversos cuando ocupan regiones geográficamente distantes. Las poblaciones en zonas geográficas diferentes que poseen antepasados comunes se denominan de especiación alopátrica, y de especiación simpátrica cuando son poblaciones con antepasados comunes que ocupan la misma zona, pero que están separadas por factores ecológicos o genéticos.
La especiación alopátrica posibilita la introducción de especies exóticas, que en muchos casos a través de la competencia generan condiciones de extinción para las especies autóctonas. Que unas culturas pueden ser ‘otras’ que se las tenga que medir con un rasero que no sea la escala única de la historia humana, es una idea que les fue ajena. La existencia de sociedades que vivían declaradamente al margen de la civilización europea, resistiendo incluso su ascensión, sólo podía ser percibida de forma negativa”.
Sobre el reloj biológico que determinaría las múltiples formas de acoplamiento autopoyético de los diferentes organismos, hay dos teorías: una de ellas señala que este reloj biológico es endógeno y la otra afirma que es exógeno, ya que lo interno es regulado por señales externas del ambiente. A nuestro entender esta oposición, es una oposición dialéctica en la que intervienen múltiples factores que permiten el acoplamiento del organismo al medio a través de la autopoyesis, debido a que el organismo posee condiciones internas reguladas al estilo de un reloj y que el medio envía señales materiales energéticas de forma permanente. Estas condiciones internas se originan en las características genéticas de la especie, en la historia de la adaptación de la población a la cual pertenece y en la experiencia vivencial de cada uno de los organismos. Por consiguiente, consideramos estéril discutir el carácter endógeno o exógeno del reloj biológico, ya que el acoplamiento autopoyético integra materiales y energía en la reconstrucción permanente del organismo, con capacidades internas innatas y adquiridas para resolverlo. Lo explicado anteriormente se relaciona con las conductas de los organismos que se clasifican según patrones de conducta generales con características propias en cada una de las especies, poblaciones y organismos. Estos patrones de conducta se clasifican en tropismos, taxismos, reflejos, instintos, pulsiones, aprendizaje y razonamiento. Las formas de conducta menos complejas se integran con las formas superiores, pero estas formas superiores no se dan en las manifestaciones vitales menos complejas.
