
Durante las últimas décadas, el mayor bosque tropical del mundo, la Amazonía, ha enfretado duras sequías. Para poder comprobar cuáles son sus efectos, un grupo de científicos brasileños y británicos desarrollaron un proyecto para simular una sequía constante en una pequeña parcela del Bosque Nacional de Caxiuanã, ubicado en el extremo norte de Brasil.
A lo largo de 24 años, utilizaron más de 6 mil paneles plásticos para desviar el 50% de las lluvias de la región y poder medir con precisión cómo respondía la vegetación ante la falta de agua. Sin lugar a dudas, este experimento representa uno de los estudios más largos y completos que existen sobre los efectos de la sequía en ecosistemas tropicales.
Los expertos se sorprendieron al descubrir que, en un primer momento, la selva amazónica resistía sin problemas la falta de lluvias. Durante casi 8 años, los árboles mantuvieron su ritmo de crecimiento y la cobertura vegetal se mantuvo casi intacta. Pero pasada esta etapa comenzaron las señales preocupantes: los árboles más grandes murieron, comenzó a haber una gran pérdida de biomasa y las especies más antiguas se debilitaron por completo.
De esta forma, lo que al principio parecía una adaptación ejemplar se transformó en una advertencia: los bosques pueden resistir condiciones adversas, pero solo hasta cierto punto. ¿Qué sucedió pasado ese umbral? La parcela pasó de ser un sumidero de carbono a convertirse en emisora de este gas contaminante.
Es decir, que en lugar de capturar dióxido de carbono (CO2), comenzó a liberarlo. Así es como un ecosistema clave para frenar la crisis climática empezó a agravarla. Y aunque hoy la parcela volvió a estabilizarse gracias al trabajo de los científicos, las pérdidas de biomasa total alcanzaron ¡el 40%!
Los terribles efectos de la sequía sobre la Amazonía

La selva amazónica no solo es un bosque, es una de las barreras naturales con las que cuenta el planeta para mantener su equilibrio climático. En este hábitat se concentran más del 10% de la biodiversidad de la Tierra, y se calcula que es capaz de capturar entre ¡mil y dos mil millones toneladas de dióxido de carbono al año!
Esto no solo ayuda a frenar el calentamiento global, sino que es clave para regular el ciclo del agua en toda América del Sur. Si la sequía debilita la Amazonía, no solo se pierde un ecosistema, sino también una función vital para el clima global y para millones de personas.
Pero lamentablemente, esta importancia ha pasado desapercibida para muchos líderes mundiales y empresarios inescrupulosos. Desde la década de 1970 a esta parte, se han perdido más de 800 mil hectáreas de selva amazónica (o lo que es lo mismo, 2 veces la superficie de Alemania). ¿Qué causó estas pérdidas? Incendios provocados para expandir la frontera agropecuaria o derivados del calentamiento global, tala de árboles para el comercio de madera, proyectos extractivos de minerales en la selva y, por supuesto, la sequía derivada del cambio climático.
La crisis climática ha ido alterando los patrones de lluvia y aumentando la frecuencia de sequías extremas en esta parte del globo. De acuerdo con estudios recientes, muchas zonas de la Amazonía están cerca de un punto de no retorno. Si este umbral se cruzara, el bosque podría perder su capacidad de regenerarse solo, transformándose en una sabana.
¿Es posible recuperar un bosque que se seca?
En noviembre de 2024, los científicos del proyecto retiraron la mayoría de los paneles que desviaban la lluvia. El objetivo ahora es estudiar si al volver el agua, el bosque es capaz de regenerarse por sí mismo. Esto serviría para entender si aún hay tiempo de frenar el colapso de la selva amazónica. Pero habrá que esperar algunos años para saber si los daños son permanentes.
Por ahora, el vicecoordinador del proyecto, João de Athaydes, tiene esperanzas de que el bosque pueda adaptarse. Y es que, aunque los árboles más grandes no sobrevivieron, algunas especies más pequeñas comenzaron a ocupar su lugar. Será importante ver si estos nuevos árboles son capaces de capturar la misma cantidad de dióxido de carbono que los que se perdieron.
Efectos de la sequía más allá de los bosques

Entre 2023 y 2024 se vivió una sequía histórica en la Amazonía que afectó a más de 420 mil niños, secando ríos enteros y dejando sin acceso al agua a decenas de comunidades indígenas. Ante este escenario, organizaciones ambientalistas como Greenpeace han recordado la urgencia de poner un freno al uso de combustibles fósiles, que empeoran el cambio climático.
A esto se suma que la selva perdió cerca del 40% de su biomasa total. Esto quiere decir que millones de toneladas de dióxido de carbono que estaban almacenadas en los árboles pasaron a la atmósfera, acelerando el calentamiento global en todo el planeta. Si este patrón se sigue repitiendo, podría ser demasiado tarde para revertir la situación.