
Hace tiempo que la crisis climática dejó de ser una idea apocalíptica que solo podía verse en las películas de catástrofes. En varios puntos del planeta, los efectos del cambio climático se están haciendo sentir, ya sea a través de olas de calor, incendios forestales, sequías, inundaciones o temperaturas extremas bajo cero.
Los glaciares no paran de derretirse y se estima que más de un millón de especies están desapareciendo a un ritmo cada vez más acelerado como resultado de la crisis ambiental. Pero a pesar de que todos estos efectos son visibles e incontrastables, los líderes mundiales no están haciendo lo necesario para detener el calentamiento global y la contaminación.
Crisis climática y codicia en los bosques argentinos
Argentina está padeciendo en carne propia los efectos del modelo extractivo y destructivo que arrasa con los recursos naturales en busca de dinero para unos pocos. En las últimas tres décadas, se perdieron ¡más de 7 millones de hectáreas de bosques nativos! Pero lamentablemente, esta cifra podría seguir aumentando gracias a las medidas de Javier Milei, un presidente que niega el cambio climático.
En la actualidad, la mayoría de los incendios y desmontes que arrasan los bosques del sur del país, y los humedales y montes del noreste tienen origen humano. ¿Qué hay detrás de este atropello contra la naturaleza? La utilización de las tierras para negocios inmobiliarios o para expandir la frontera agropecuaria en áreas que muchas veces están protegidas por la Ley de Bosques, pero desprotegidas en la realidad.
La naturaleza no puede seguir siendo considerada solamente como un recurso a disposición del ser humano. Si se la sigue destruyendo, la lucha contra el cambio climático se volverá cada vez más difícil. Por este motivo, la restauración de los ecosistemas es la única manera de garantizar que las próximas generaciones cuenten con aire limpio, agua potable, alimentos y salud.

Ecosistemas argentinos al límite
El deterioro ambiental en Argentina está directamente relacionado con la falta de políticas públicas y con un modelo económico adoptado por el nuevo gobierno que prioriza el extractivismo por encima del bienestar colectivo. Los bosques, glaciares, humedales y océanos no están ahí para únicamente para ser productivos, sino para regular el clima, conservar los suelos y almacenar dióxido de carbono.
Pero en lugar de ser protegidos por el gobierno nacional, están siendo debilitados. Se estima que un 38% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país proviene de la deforestación, la ganadería y la agricultura intensiva. Lo que deja claro que combatir el cambio climático no será posible a menos que se trabaje para poner un freno a la destrucción de la naturaleza.
Cada hectárea de bosque arrasada no solo significa una enorme pérdida de biodiversidad para el país, sino también una menor capacidad para absorber carbono, una menor disponibilidad de agua y una mayor vulnerabilidad ante eventos extremos como las inundaciones que padeció Bahía Blanca a comienzos del 2025.
Fauna y flora autóctona en peligro: ¿Hay esperanza?
La pérdida de biodiversidad no es solo un problema ambiental. También representa complicaciones sociales y económicas. Si se tiene en cuenta que ahora mismo hay más de un millón de especies en riesgo de desaparecer para siempre, es importante entender que cuando lo hagan también desaparecerán sus funciones ecológicas, y por lo tanto, el deterioro será aún mayor e impredecible.
En Argentina el caso más conocido es el del yaguareté, el felino más grande de América Latina, que depende de grandes extensiones de selva para alimentarse y aparearse. Pero la destrucción de sus hábitats para reemplazarlos por granjas de cultivo o pastoreo ha hecho que se encuentre en una situación crítica: ¡con menos de 20 ejemplares en la región chaqueña!
Sin embargo, existen señales de que no todo está perdido. En distintas regiones del país, comunidades y organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina están trabajando para defender el territorio de los inescrupulosos que buscan destruirlo para hacer dinero fácil.

A través de redes de restauración ecológica, proyectos de reforestación, rescates de fauna y programas de conservación, estas personas demuestran que si al planeta se lo cuida, es capaz de regenerarse. Pero para que estas medidas realmente hagan la diferencia, es necesario que el Estado las acompañe y que haga cumplir las leyes que ya existen para proteger al medioambiente (como la Ley de Bosques y la Ley de Glaciares). De lo contrario, nadie sabe qué será de los ecosistemas argentinos en los próximos años.