
Mathis Wackernagel, reconocido a nivel global por haber desarrollado el concepto de huella ecológica, visitó Argentina para participar de la Conferencia Climática Internacional en Córdoba. En diálogo con LA NACIÓN, advirtió sobre el rol estratégico que tiene América del Sur en un mundo que agota recursos más rápido de lo que la Tierra puede reponerlos. “Una OPEP para la naturaleza no es una idea descabellada”, lanzó.
Mathis Wackernagel, director de la Global Footprint Network, no duda en señalar que detrás del cambio climático, la deforestación y el deterioro de la biodiversidad hay una causa central: el mercado no está midiendo bien los costos. “Estamos sobreexplotando la naturaleza como si no tuviera límites”, resume el experto, autor del indicador que compara lo que consumimos frente a la capacidad de la Tierra para regenerarse.
Wackernagel llegó a Córdoba invitado por el gobernador Martín Llaryora para participar de la Conferencia Climática Internacional “Compromiso Latinoamericano” y de la 5ta Cumbre Mundial de Economía Circular. Allí, junto a líderes de todo el continente, discutió sobre los desafíos de frenar una crisis ambiental que avanza sin pausa.
Durante la entrevista, fue claro. Según sus cálculos, en 2024 la humanidad consumió casi el doble de lo que el planeta puede regenerar en un año. “Es como si hubiésemos vaciado nuestra cuenta de ahorros y estuviésemos sobreviviendo con tarjeta de crédito ecológica”, grafica.
Wackernagel recuerda que en los años 60, países como Ecuador tenían cinco veces más biocapacidad que demanda interna. Hoy, ese margen prácticamente desapareció. “Y lo más preocupante es que no hubo un salto equivalente en bienestar o desarrollo. No se convirtieron en Suiza. Solo perdieron capital natural”, dice.
Frente a este panorama, insiste en que el continente necesita dejar de subestimar su riqueza ambiental. “Exportar materias primas a precios bajos, solo para pagar deudas, es hipotecar el futuro. Y lo peor es que muchas veces ni siquiera se toma en cuenta cuánta naturaleza se está liquidando en el proceso.”
La propuesta que lanza no es menor: crear una organización que, al estilo de la OPEP con el petróleo, defienda los recursos naturales sudamericanos. “En los años 70, los países productores se dieron cuenta de que podían coordinarse para capturar más valor. Lo mismo podría ocurrir con la biodiversidad y los ecosistemas.”
Pero advierte que para lograrlo, hace falta un cambio profundo en la manera de planificar las economías. “No podemos seguir decidiendo políticas sin saber cuánta biocapacidad tenemos. Necesitamos contabilidad ecológica. Si no, seguimos manejando a ciegas”, plantea.
Ese esfuerzo también permitiría anticipar el llamado “Día del Sobregiro”, el momento en que el mundo agota su presupuesto anual de recursos naturales. En 2025, esa fecha será el 24 de julio. “No es que ese día se acabe todo, pero cada año estamos generando una deuda con la naturaleza que se vuelve más difícil de saldar.”
En el caso de Argentina, la huella ecológica per cápita está apenas por encima del promedio global. El país tiene ventajas evidentes en energías limpias como la eólica y la solar. Sin embargo, el modelo urbano basado en combustibles fósiles y materiales intensivos sigue generando una enorme presión sobre sus ecosistemas. “Si los bosques nativos desaparecen, ese balance se rompe”, advierte.
Con la próxima COP30 en el horizonte, que tendrá lugar en Brasil bajo el lema de proteger la Amazonía, Wackernagel cree que no hay que esperar acuerdos globales para actuar.
Por eso insiste: “ América del Sur tiene una oportunidad única de liderar ese cambio”.
