
Una de las voces más importantes en el debate sobre la transición energética y la justicia ambiental es María Marta Di Paola, quien dirige la investigación en la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y es economista. Desde Buenos Aires, promueve un programa que conecta la economía, el clima y los derechos.
De los números a la naturaleza
Es posible que la encuentre en una marcha por el clima o en una conferencia sobre finanzas sostenibles. María Marta Di Paola no se ajusta a los estereotipos: es economista, pero habla de ecosistemas; trabaja con datos, pero participa en conflictos territoriales.
“»En realidad, lo que cuesta del medio ambiente es la inacción», declaró en una entrevista con Clarín Verde.
Di Paola dirige investigaciones acerca del financiamiento verde, los subsidios a los combustibles fósiles y el presupuesto ambiental desde su puesto en FARN, una de las ONG más poderosas de la nación.
«El país gasta millones y millones subsidiando la contaminación», advirtió. Si esos fondos se utilizaran para restaurar ecosistemas y generar energía limpia, el país progresaría en términos de salud, empleo y desarrollo.”
La economía para el beneficio del planeta
Di Paola, que se tituló en la Universidad de Buenos Aires, sostiene que la economía ambiental no solo debe limitarse a analizar impactos; también tiene que proponer modificaciones. El cambio climático no es un tema ambiental, sino que tiene una estructura. Se declaró en el Informe FARN 2025: «Si no examinamos cómo producimos y qué financiamos, no habrá una transición posible».
Su análisis une la perspectiva política con la precisión técnica. En el panel de financiamiento climático de la COP28, ella fue una de las presentadoras provenientes de América Latina. Solicitó que se instauraran en ese lugar sistemas más equitativos para los países del Sur Global: «Ya no podemos seguir tolerando los efectos de un modelo que nosotros no hemos creado. La deuda ecológica debe formar parte de la agenda económica global.
Una perspectiva con un enfoque social y de género
Según Di Paola, la justicia climática solamente se logra si incluye el aspecto humano. «Cuando nos referimos al medio ambiente, estamos hablando de desigualdad. «La Nación Verde» entrevistó a una persona que explicó: «El cambio climático afecta con mayor fuerza a las mujeres, a las comunidades rurales y a los pueblos indígenas, quienes tienen menos responsabilidad».
Por eso, desde FARN, promovió el programa «Economía, género y clima», cuyo objetivo es mostrar cómo las políticas públicas tienen un impacto diferenciado en las mujeres cuando se encuentran en situaciones de crisis medioambiental. «Ellas son las primeras que padecen los impactos de las sequías o de las inundaciones, pero son muy pocas veces las que están en los lugares donde se toman decisiones.»
Una economía para rehacer el futuro
Según la experta, la transición ecológica puede significar, además, una ocasión económica. «Cada peso que se destina a la agricultura regenerativa, a la movilidad sustentable o a las energías renovables hace que los costos futuros se reduzcan y el empleo local se incremente», asegura.
Su visión resume la paradoja del siglo XXI: la economía tiene el potencial de ser un problema o una solución. Y su apuesta es evidente: «Si continuamos considerando el medioambiente como un gasto, nada va a cambiar. Pero si lo comprendemos como inversión, el futuro aún tiene sentido.
