
En la Argentina de hoy, hablar de políticas ambientales sin mencionar a María Eugenia Di Paola es casi imposible. Abogada, investigadora y actual Coordinadora de Ambiente y Desarrollo Sostenible del PNUD, se ha convertido en una de las voces más claras y firmes en los debates sobre cambio climático, energía y justicia social.
Desde hace años repite una idea que sintetiza su forma de entender el problema:
“El ambiente no puede quedar como un tema decorativo o accesorio, tiene que ser transversal a todas las políticas públicas”.
Del derecho a la gestión ambiental
Formada en la Facultad de Derecho de la UBA, Di Paola encontró en el derecho ambiental un campo donde lo técnico y lo político se cruzan. Fue directora de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y trabajó en la Secretaría de Ambiente de la Nación antes de llegar al PNUD.
En sus intervenciones, suele remarcar el carácter estructural de la agenda:
“No se trata solo de conservar la biodiversidad, sino de garantizar acceso al agua, a la energía limpia, a un hábitat seguro”.
La urgencia de los datos
Desde el PNUD insiste en que la evidencia no puede quedar atrapada en informes técnicos.
“El dato no es frío si muestra cómo afecta a una persona o a una comunidad. La información tiene que poder usarse para cambiar realidades”, explicó en otra entrevista.
Bajo su coordinación, se compartieron ante la sociedad reportes sobre biodiversidad, energías renovables y adaptación al cambio climático. Cada uno busca algo más que un diagnóstico.
Según advirtió, “debe llegar la información a quienes toman decisiones ya que si no se convierte en un ejercicio académico estéril”.
El litio y la transición energética
En un foro sobre energía, Di Paola fue directa:
“El litio puede ser una oportunidad, pero solo si se piensa con reglas claras, con transparencia y con respeto por las comunidades locales”.
Ese planteo resume su mirada sobre la transición: ni optimismo tecnológico ingenuo, ni rechazo absoluto.
“La transición energética no es solo tecnológica: es social, es cultural, es política”, señaló en otra entrevista.
Una agenda de género en el ambiente
Para la profesional, dicha problemática no afecta a todos por igual. En múltiples espacios subrayó que las mujeres suelen ser las más expuestas:
“En muchas comunidades son ellas las que primero advierten los problemas ambientales y las que se organizan para resolverlos”.
Esa perspectiva atraviesa los programas que impulsa desde el PNUD. No se trata solo de sumar mujeres a la mesa de negociación, sino de reconocer su papel en la gestión cotidiana del agua, la alimentación y la salud comunitaria.
Entre lo local y lo global
En su rol internacional, Di Paola funciona como traductora entre escalas. “Un intendente, un ministro y un investigador discuten el mismo problema, aunque usen lenguajes distintos. Nuestro trabajo es sentarlos en la misma mesa”, explicó en una reciente conferencia.
Esa capacidad de moverse de un ámbito local en Jujuy a una cumbre de Naciones Unidas en Nueva York le permitió instalar temas como la economía circular, los humedales y la energía renovable en agendas muy diversas.
Continuidad más allá de la política
“Las transformaciones profundas requieren continuidad: lo ambiental no puede depender del ciclo político de turno”, advirtió en un seminario regional.
Ese reclamo de políticas de Estado busca evitar que cada cambio de gobierno suponga un retroceso. “Si cada administración empieza de cero, nunca vamos a estar a la altura de la urgencia climática”, insiste.
Una referente de la transición justa
Hoy, a sus 50 años, Di Paola es reconocida como referente de una agenda que combina técnica y sensibilidad social. Lo demuestra cada vez que resume su propósito en una frase sencilla:
“Mi objetivo no es frenar la innovación, sino asegurar que sea compatible con los derechos humanos y con una idea democrática de sociedad”.
