Un pez emblemático reaparece en los humedales de Bogotá

Un pez emblemático reaparece en los humedales de Bogotá

El redescubrimiento del pez capitán de la sabana (Eremophilus mutisii) en el humedal La Conejera renueva las esperanzas para una de las especies más emblemáticas y amenazadas del Altiplano Cundiboyacense. Este hallazgo no solo deja en evidencia cuán resiliente puede ser la biodiversidad, sino también cuánto falta en materia de conservación urbana.

La confirmación de la presencia de este pez en uno de los humedales más representativos de Bogotá marcó un hito para la conservación del país. Durante años, esta especie endémica fue considerada prácticamente extinta en los ecosistemas urbanos, desplazada por la contaminación y la transformación del territorio.

El registro fue realizado por el Grupo de Monitoreo de Biodiversidad de la Secretaría Distrital de Ambiente, que identificó ejemplares en una reserva clave para la regulación hídrica y la biodiversidad de la ciudad. El hallazgo demuestra que, incluso en contextos altamente urbanizados, los refugios para las especies nativas pueden sobrevivir.

Se trata de un descubrimiento que no solo tiene valor científico, sino también simbólico: ya que demuestra que los esfuerzos por proteger los humedales pueden dar resultados concretos, incluso después de décadas de degradación ambiental.

Humedales urbanos: refugios frente a la crisis ambiental

El caso del humedal La Conejera confirma el rol estratégico de los humedales urbanos como últimos refugios para la biodiversidad. Estos ecosistemas actúan como filtros naturales del agua, contribuyen a regulador el clima local y los espacios de reproducción de múltiples especies. 

Pero lamentablemente, en ciudades como Bogotá, los humedales han sido históricamente drenados, rellenados o contaminados, reduciendo drásticamente su extensión original. Aun así, los remanentes protegidos demuestran una capacidad notable de recuperación cuando se pone un freno a las actividades humanas. 

El caso del pez capitán es una nueva muestra de cómo proteger y restaurar estos espacios es una forma de fortalecer no solo a las especies en peligro de extinción, sino también la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático, las inundaciones y la escasez hídrica.

Una especie única amenazada por la mano del hombre

El pez capitán de la sabana es un bagre que habita exclusivamente en el Altiplano Cundiboyacense, entre los 2500 y 4100 metros sobre el nivel del mar. Fue descrito por Alexander von Humboldt en 1805 y durante siglos fue un habitante habitual de ríos, lagunas y humedales de la región.

Este pez cumple un rol ecológico fundamental al alimentarse de materia orgánica del fondo, contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas acuáticos. Sin embargo, su población se ha visto drásticamente reducida en las últimas décadas como resultado de la contaminación, la fragmentación del humedal y la introducción de especies invasoras como la trucha y la carpa.

La contaminación por aguas residuales, fertilizantes o descargas de las industrias provocan un exceso de nutrientes en el agua que genera una proliferación de algas y plantas acuáticas que, al descomponerse, consumen todo el oxígeno. De este modo, se forman zonas con poco o nada de oxígeno, lo que puede causar la muerte de peces, la pérdida de biodiversidad y la degradación general del humedal.

A esto se suman prácticas como la sobrepesca y el deterioro del río Bogotá, factores decisivos en el declive del pez capitán, al punto de que durante años no se registraron avistamientos en ambientes urbanos de la capital.

¿Por qué es importante controlar la presencia de esta especie?

Antes de este hallazgo, los registros más recientes situaban al pez capitán únicamente en cuerpos de agua con menor impacto humano, como la laguna de Fúquene y los embalses de Neusa y Tominé. Por el contrario, su presencia en humedales urbanos era considerada residual o inexistente.

Durante largos años, la falta de registros dificultó que se pudiera llevar a cabo una evaluación real del estado de la especie y que, en consecuencia, se pudieran implementar planes de conservación efectivos. Por eso, la confirmación en La Conejera abre una oportunidad inédita para fortalecer el monitoreo científico.

Por este motivo, organizaciones ambientalistas como Greenpeace Colombia y autoridades científicas destacan la necesidad de continuar con seguimientos estandarizados, tanto biológicos como fisicoquímicos, para comprender la dinámica poblacional y prevenir nuevos retrocesos.