
Decir que los glaciares del planeta están desapareciendo a la vista no es una exageración alarmista sino una constatación literal. Cada día, la ciencia identifica nuevos casos de masas de hielo que se derriten. Para peor, ese deshielo avanza a un ritmo cada vez más acelerado.
En esta ocasión, según una publicación de Greenpeace Argentina, el episodio ocurre cerca de Argentina, ya que se detectó en un glaciar antártico próximo al país. Se trata del Hektoria, que perdió ocho kilómetros de hielo en apenas dos meses, una velocidad superior a cualquier registro previo. El hallazgo fue realizado por especialistas de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Francia, y difundido recientemente en Nature Geoscience.
El caso del glaciar Hektoria
Por un lado, observaron un retroceso récord del frente de hielo de más de ocho kilómetros entre noviembre y diciembre de 2022 en el glaciar Hektoria.
Este resultado llama la atención porque los glaciares polares que descansan sobre un lecho marino poco profundo, distintos a los glaciares de montaña como los andinos, suelen retroceder apenas unos cientos de metros por año.
Sin embargo, para este caso, los científicos calcularon, mediante datos altimétricos del terreno e imágenes satelitales y aéreas, una pérdida diaria cercana a los 800 metros. Además, el equipo verificó que entre enero de 2022 y marzo de 2023 el glaciar retrocedió unos 25 kilómetros, lo que consideran un ejemplo extremo de inestabilidad.
El notable retroceso fue consecuencia de un proceso dinámico: al perderse el hielo marino que lo sostenía, el frente glaciar colapsó y se desprendió a una velocidad inédita. En este escenario, el calentamiento global no actúa de manera directa pero sí agrava la situación, al dejar más expuestas a las plataformas de hielo ante cualquier perturbación natural.

Un comportamiento inusual y un antecedente clave
El glaciólogo Etienne Berthier, del Laboratorio de Estudios en Geofísica y Oceanografía Espaciales de la Universidad de Toulouse, explicó al diario El País que retrocesos tan fuertes y rápidos suelen observarse en plataformas flotantes, donde se originan los grandes icebergs, pero que resulta extraordinario que ocurra en hielo apoyado sobre roca firme y con un retroceso de más de ocho kilómetros en solo dos meses para este tipo de glaciares.
Berthier añadió otro dato relevante: nunca antes se había registrado mediante satélites, vuelos o trabajos de campo una reducción del hielo terrestre comparable a la observada en Hektoria.
El estudio también señaló que, tras el colapso en 2002 de la enorme barrera de hielo Larsen B, la región quedó más expuesta, ya que en aquel evento se perdió el hielo flotante que actuaba como freno natural para los glaciares que desembocaban allí.
En este sentido, el glaciólogo consideró que toda la evolución de esa zona de la Antártida está vinculada al calentamiento global. Así, interpretó que el derrumbe de Larsen B y el récord reciente del Hektoria forman parte de una “reacción en cadena” originada por el aumento de las temperaturas.
Consecuencias sobre el nivel del mar
El caso muestra los mecanismos capaces de acelerar la pérdida de hielo asentado sobre tierra firme y, por lo tanto, su futura contribución al aumento del nivel del mar. Si bien eventos como este no elevan de forma inmediata ese nivel, sí evidencian cómo el retroceso del hielo terrestre puede agilizar procesos que sí inciden en su crecimiento.
Esto sucede porque cuando el deshielo ocurre sobre tierra, a diferencia del hielo flotante, el agua dulce fluye directamente al océano, lo que incrementa el nivel del mar y modifica su salinidad.
Por esta razón, los autores del estudio destacan que comprender el comportamiento de los glaciares polares y los factores que determinan su ritmo de retroceso es esencial para anticipar cuánto subirán las aguas costeras debido al calentamiento global.
Conviene recordar que, además del propio calentamiento del océano —que incrementa su volumen por dilatación térmica—, las otras causas del aumento del nivel del mar son el derretimiento de los glaciares de montaña y el deshielo de los casquetes de Groenlandia y la Antártida.

Un fenómeno distante pero no ajeno
Aunque el glaciar Hektoria se ubica a miles de kilómetros, lo que sucede allí no resulta ajeno para esta región. La Antártida y los Andes integran un mismo sistema planetario que regula el clima y constituye una reserva estratégica de agua dulce.
Por eso, su colapso funciona como un recordatorio de la fragilidad que se desencadena cuando cambian las condiciones que sostienen a los glaciares. Esa vulnerabilidad remite a un mismo desafío: proteger el hielo que todavía existe. En consecuencia, la Ley de Glaciares no debe ser modificada.