El agujero de ozono fue el más pequeño en 5 años

El agujero de ozono fue el más pequeño en 5 años

El agujero de ozono se cerró más temprano y fue el más pequeño de los últimos 5 años. Así lo confirmó el monitoreo satelital del sistema Copérnico llevado a cabo a principios de diciembre. No se trata solo un dato técnico: sino que es una muestra concreta de que las políticas internacionales funcionan cuando los países deciden tomarse en serio la crisis ambiental.

Es importante recordar que el agujero aparece cada primavera en la Antártida como consecuencia de las sustancias fabricadas por las industrias (como los clorofluorocarbonos usados durante décadas en aerosoles y refrigeración), que destruyen las moléculas de ozono que protegen al planeta de la radiación ultravioleta. 

Que 2025 haya sido un año positivo demuestra que intervenir a tiempo puede poner un freno a los daños. Pero también confirma que ningún avance es permanente. Lamentablemente, las sustancias destructoras del ozono continúan en la atmósfera durante décadas, por lo que cada temporada es una nueva prueba.

¿Qué significa que el agujero de ozono se haya cerrado más temprano?

Que el agujero se haya cerrado antes de lo previsto es importante por dos razones: primero, porque muestra una tendencia positiva. Pero además, porque ayuda a reducir el período de mayor exposición a radiación ultravioleta en el hemisferio sur. En septiembre, el agujero había alcanzado 21,08 millones de kilómetros cuadrados, lejos de los picos de 26 millones registrados apenas dos años atrás. Esa reducción no es menor: un agujero más chico implica menos tiempo de debilitamiento extremo de la capa.

Sin embargo, el tamaño no responde solo a las decisiones humanas. La meteorología de la Antártida juega un papel clave. Temperaturas muy bajas, vientos intensos o, incluso, fenómenos excepcionales como la erupción del volcán Hunga Tonga en 2022 pueden exagerar o prolongar el agujero. Por eso, cada año es diferente. Pero la tendencia actual no es casualidad. Es una consecuencia directa de un acuerdo global firmado hace 38 años.

¿Qué fue el Protocolo de Montreal?

En 1987, el mundo entero firmó el Protocolo de Montreal para prohibir los químicos que destruyen el ozono. Hoy se considera el acuerdo ambiental más exitoso de la historia. Sin él, los niveles globales de ozono se habrían desplomado hasta volverse catastróficos. Con él, empezaron a revertirse. La diferencia entre un futuro colapsado y el actual no podría ser más clara.

El impacto del tratado es visible: se puede verificar por medio de satélites, ejemplificar en gráficos y medir en millones de kilómetros cuadrados menos de destrucción. Se trata de una mejora física, real y sostenida. Sin embargo, el éxito del tratado no asegura que el problema esté resuelto. Los químicos prohibidos siguen circulando en sistemas viejos, redes de frío obsoletas y productos aún en uso. Y las nuevas presiones climáticas (como el calentamiento global y los eventos climáticos extremos) pueden alterar la dinámica de la estratosfera. 

¿Qué falta para recuperar la capa de ozono por completo?

La ONU estima que la capa podría restablecerse hacia 2050, aunque la recuperación total sobre la Antártida tomará más tiempo. La razón es simple: los compuestos que destruyen el ozono tienen una vida prolongada, y la atmósfera tarda décadas en limpiarse por completo.

Durante ese proceso, cada temporada cuenta. Los científicos monitorean el agujero casi en tiempo real porque cualquier cambio brusco (ya sea por emisiones ilegales, por condiciones extremas o por alteraciones inesperadas del clima) puede frenar los avances logrados hasta el momento. El cierre temprano de 2025 muestra que se está yendo en la dirección correcta. 

Sin embargo, como advierten organizaciones ambientalistas como Greenpeace, ningún avance será suficiente a menos que se siga trabajando para proteger la capa de ozono de los químicos que la destruyen. Por eso, esta pequeña victoria ambiental debe servir de ejemplo para nuevas batallas por el futuro del planeta.