
Bruno Rodríguez, a los 23 años, ya había dirigido marchas masivas en Buenos Aires, se había convertido en uno de los líderes del movimiento Jóvenes por el Clima Argentina (organización que consiguió llevar la crisis ecológica desde la calle hasta el Congreso) y ya había pronunciado un discurso frente a las Naciones Unidas. Bruno, quien creció en el barrio de La Paternal y llegó hasta las cumbres internacionales para exigir políticas efectivas, representa una generación que ve la lucha ecológica como un asunto humano, social y político.
«Cuando comprendí que la lucha ambiental está relacionada con los derechos humanos, me tocó», comentó en una conversación con La Nación (7/5/2021). Ese concepto permea toda su militancia: el cambio climático no es únicamente un problema del planeta, sino también de aquellos individuos que padecen sus efectos.
Del salón de clases al activismo a nivel mundial
Bruno está cursando Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA), no obstante, su verdadera formación se llevó a cabo en las calles. En 2018, fundó Jóvenes por el Clima Argentina (JOCA), la primera organización de medio ambiente juvenil en el país, junto con un grupo de amigos, inspirado por Greta Thunberg y su movimiento global.
«Es nuestro deber como generación establecer los caminos para que este planeta sea habitable, sin una crisis ecológica o ambiental», dijo en Infobae (20/9/2019), justo antes de viajar a Nueva York para participar en la Cumbre Juvenil del Clima de la ONU.
En ese lugar, ante líderes del mundo, dio un discurso que lo estableció como una figura de referencia latinoamericana. Desde ese momento, une el activismo a nivel territorial con la articulación política. Según su perspectiva, el ambientalismo no puede ser reducido a una tendencia verde ni a una causa separada.
«El ambientalismo necesita comenzar a embarrarse», sostuvo en La Nación (7/5/2021). Con esa expresión, resumió su perspectiva: un ambientalismo que no solo se limita al consumo responsable, sino que también se compromete con las disputas sociales, las economías de base popular y los esfuerzos por la justicia climática.
La influencia de la calle
Jóvenes por el Clima, bajo su dirección, convocó las marchas del 15 de marzo y del 27 de septiembre de 2019, que congregaron a miles de individuos en las inmediaciones del Congreso. La movilización fue fundamental para que se proclamara la emergencia climática en el Senado argentino, algo sin precedentes en la región.
En una entrevista con lavaca.org, Rodríguez declaró: «Nuestro movimiento entiende que el poder no tomará medidas si no hay lucha». «Por lo tanto, acordamos trabajar con los trabajadores y las comunidades marginadas en la calle, organizando manifestaciones masivas para poner un alto a la conducta criminal de las grandes corporaciones que contaminan».
Según Bruno, la participación de los ciudadanos es fundamental para pensar en la política climática. En conversación con Infobae, alertó: «Estamos demostrando los jóvenes que la acción conjunta es capaz de movilizar estructuras. La presión social, no la dirección superior, es la que generará el cambio”.
Justicia climática y ambientalismo popular
Rodríguez, a diferencia de otros referentes del ambientalismo que se centran en la divulgación científica, busca edificar un movimiento ecologista combativo, latinoamericano y popular. Señaló en una entrevista con Infobae (del 6 de agosto de 2019): «Estamos convencidos de que es necesario construir una nueva noción común al hablar sobre la militancia ambiental. Es necesario huir del individualismo que está afectando nuestra capacidad y comenzar a fomentar un ambientalismo que combine la justicia climática con la justicia social.
La creación de coaliciones con movimientos sociales, agrupaciones sindicales y comunidades indígenas que defienden sus territorios frente a la contaminación y el extractivismo es lo que materializa esta idea. Bruno se esfuerza por mostrar cómo la crisis ecológica impacta en mayor medida a las áreas vulnerables, desde la agroindustria hasta los basureros de las ciudades.
En Página/12, se afirmó hace poco: «El ambientalismo no es una lucha reciente, solo tiene nombres distintos». «Por décadas, las comunidades indígenas y los campesinos han protegido el medio ambiente. Nosotros continuamos por esa vía, aunque con otros instrumentos.
La relevancia de la política en la agenda ecológica
En la actualidad, promueve proyectos de ley, coopera en foros legislativos y proporciona asesoramiento a entidades internacionales; sin embargo, garantiza que su principal enfoque continúa siendo el trabajo a nivel regional.
A pesar de ser un lugar importante, el Congreso no reemplaza a la calle. En La Nación, destacó que «la gente se organiza y eso es el inicio del cambio».
Su perspectiva, sin embargo, no es pesimista. «Nosotros nacimos en medio de una crisis, pero eso no nos detiene: nos proporciona energía. En una conversación con Télam, sostuvo: «Lo que hacemos no es idealismo, es supervivencia».
Una generación que ha dejado de esperar
«Bruno es el rostro de un movimiento que devolvió al ambientalismo su contenido político», según escribió La Nación en su perfil. Su activismo evidencia que la juventud de Argentina se niega a aceptar un mundo en crisis y está lista para reconstruirlo.
