La segunda conquista del desierto, la recuperación de los ecosistemas

La segunda conquista del desierto, la recuperación de los ecosistemas

De todos modos. el aumento de humedad y lluvias en la pampa es un hecho que no necesita mucha demostración. Tal proceso implicó lo que podríamos denominar «segunda conquista del desierto», ya que, en la actualidad, el oeste bonaerense, la mitad oriental de La Pampa. y el sur de San Luis. integran de nuevo una zona predominantemente agrícola, la cual incluso está su friendo. en parte, las consecuencias del exceso de humedad. Hasta aquí se ha intentado mostrar cómo hemos sido testigos, en tiempos históricos, de una profunda oscilación climática de las que han sucedido, con mayor o menor duración e intensidad, durante toda la historia de la pampa y que caracterizan a su evolución ambiental.

El presente deslizamiento climático cuyo significado es, como dijimos, un avance de las condiciones de la estepa sobre el desierto y de las de la pradera sobre la estepa, se manifiesta además en una serie de diversos fenómenos que se han observado sobre todo en las dos últimas décadas Uno de tales fenómenos es la expansión del cultivo de la soja que se ha extendido sobre el norte de Córdoba y el sur de Santiago del Estero, en zonas sin antecedentes agrícolas, a favor de la intensa penetración del clima subtropical húmedo que caracteriza a la actual tendencia climática. Esta explotación se realiza con gran riesgo para la conservación del suelo, no sólo porque podría revertirse la tendencia, sino por la fuerte estacionalidad del clima en cuanto a la humedad, ya que una sequía intensa, seguida de fuertes precipitaciones sobre el suelo desnudo, podría desencadenar una crisis regional. Al mismo tiempo, han empeorado en la pampa las condiciones ecológicas para el trigo, el cual ha visto disminuir su calidad para mantener los rindes, con la introducción de variedades que se adaptan a las nuevas condiciones subtropicales.

Tal vez el fenómeno más notable que revela el cambio climático sea la persistencia y recurrencia de las inundaciones que durante los últimos veinte años afectan a distintas regiones de la pampa y que son, como dijimos al hablar de la aridez, la otra cara de la moneda. Así como el proceso de enfriamiento, fortalecimiento de los vientos del oeste sudoeste y sequías culminó con una crisis ambiental; del mismo modo cuando persisten el calentamiento, la penetración profunda del aire subtropical y el humedecimiento culminan también, en dos o tres décadas, con otro tipo de crisis ambiental, ésta se caracteriza por la saturación del suelo y del subsuelo, el crecimiento y la formación de nuevas lagunas, y las inundaciones en manto, que afectan a millones de hectáreas, y que han hecho su reaparición espectacular después de sesenta años. 

Un tercer fenómeno que debe mencionarse es el aumento de las precipitaciones en las laderas orientales y nororientales de las sierras centrales del país desde Salta hasta San Luis. Cuando aumenta la humedad y las precipitaciones en la pampa, sobre las laderas mencionadas el aumento y la intensidad de las precipitaciones es mayor que en la llanura colindante, lo que, unido a la fuerte estacionalidad del clima subtropical, provoca un espectacular incremento en el régimen torrencial de ríos y arroyos que descienden por esas laderas, así como también la reactivación de torrentes antiguos, por lo cual no deben considerarse casuales las inundaciones en Tucumán y Catamarca y el arrasamiento de la población de San Carlos Minas (Córdoba), ocurridos en el verano de 19911992. En toda la faja pampeana al pie de las Sierras de Córdoba, los daños en las obras de infraestructura fueron importantes y generalizados durante los dos últimos veranos y las inundaciones en manto aparecieron en 1990 por primera vez en zonas como Oncativo y Río Segundo.

Por supuesto que, si las fajas climáticas se han desplazado, durante los últimos veinte o treinta años, de 100a 300 kilómetros hacia el sudoeste, sus efectos tienen que manifestarse también en el noroeste de la provincia de Buenos Aires: «los mejores campos del país”, como siempre se los denominó. En efecto, este hecho se corresponde con una notoria pérdida de fertilidad de los suelos y una transformación tan intensa de los mismos que el ingeniero Panigatti, coordinador del programa de suelos del INTA, estima que los mapas de suelos, elaborados por la institución hace 15 o 20años para esa zona y el sur de Santa Fe, han perdido actualidad (La Nación, 4/4/1992). Ambos fenómenos se atribuyen al manejo deficiente y a la explotación intensiva, pero esto es sólo parcialmente cierto. Lo real es que el cambio climático ha traído a la pradera las condiciones del bosque subtropical. El aumento de las precipitaciones y de las temperaturas posibilitó, en principio, un aumento de la productividad y la doble cosecha y esto fue aprovechado durante 20años. Hoy, a pesar de que el suelo y subsuelo de la pampa suministran nutrientes (a este respecto son prácticamente inagotables) las abundantes precipitaciones, en una zona con buen drenaje, movilizan a dichos nutrientes demasiado rápidamente para que puedan ser aprovechados por los cultivos tradicionales de la zona (cereales y oleaginosas). Asistimos aquí a una transformación ambiental importante, determinada por el cambio climático, y tal vez acelerada o condicionada por la acción del hombre, pero no causada exclusivamente por ella. En virtud de esta modificación cambia la aptitud natural de esos campos y, de continuar la tendencia actual, la fruticultura o la forestación serían sus destinos naturales, pues se han creado, en esa franja geográfica, condiciones semejantes a las que hemos conocido en la Mesopotamia, donde la agricultura necesita fertilizantes para mantener sus rindes, según aconseja el propio ingeniero Panigatti para ambas regiones (La Nación, 8/8/1992).