
La Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo de San Martín resolvió mantener la cautelar que protege los humedales de Nordelta. De esta forma, impide que la industria inmobiliaria siga avanzando sin límites sobre el hábitat de los carpinchos. Los jueces destacaron en su declaración que, sin reglas claras, el ecosistema y las especies que habitan allí quedarían expuestos a daños irreversibles.
Además, la resolución ordena que el barrio se adecue al ambiente natural del humedal, marcando un precedente clave en la relación entre urbanización y conservación ambiental. Es importante destacar que el fallo responde a años de denuncias sobre el maltrato a los carpinchos, que incluían cercos electrificados, atropellos y envenenamientos encubiertos.
Para las organizaciones ambientalistas (como Greenpeace Argentina o The Nature Conservancy), esta decisión refleja la necesidad de poner la vida silvestre por delante de los intereses inmobiliarios. Esta medida no solo protege a los carpinchos, sino que envía un mensaje sobre la obligación de respetar la ley y los ecosistemas que ya existían antes de cualquier desarrollo urbanístico. En otras palabras, la urbanización debe adaptarse al humedal y a la fauna, y no al revés.
Un freno al maltrato animal y al negocio inmobiliario en los humedales
La resolución judicial fue celebrada por la Asociación Vecinal Ecodefensa Nuevo Delta, que había presentado la causa. Según la organización, el fallo constituye un freno concreto a prácticas abusivas que afectaban a los carpinchos. Durante años, los animales enfrentaron golpes, cercos electrificados y situaciones de estrés extremo, mientras la expansión inmobiliaria avanzaba sin control.

El conflicto judicial involucró a múltiples actores: la Asociación Vecinal Nordelta S.A., desarrolladoras, el Municipio, Parques Nacionales y la Secretaría de Turismo y Ambiente de la Nación. La causa expuso cómo la planificación urbana puede transformar ecosistemas enteros en negocios, dejando en segundo plano la protección ambiental y la vida silvestre.
Con este fallo, se establece que cualquier medida contra los carpinchos debe respetar su bienestar y el equilibrio del humedal. Los carpinchos no pueden ser tratados como un problema a erradicar. Por el contrario, su presencia debe ser protegida, ya que refleja la salud del ecosistema que acompaña a la comunidad humana.
Métodos de control cuestionados
La Cámara también cuestionó los métodos de control aplicados por Nordelta, señalando que carecían de respaldo científico. Se ordenó suspender la castración química no autorizada y cualquier intervención experimental sobre los animales. Solo se permiten medidas sanitarias avaladas por la autoridad ambiental provincial, como vasectomías controladas, esterilizaciones bajo protocolo veterinario y vacunas reconocidas oficialmente.
Además, el fallo prohíbe fumigaciones con agroquímicos que puedan dañar la flora o fauna, salvo en casos excepcionales de salud pública. De este modo, se limita la intervención humana directa sobre los carpinchos y se prioriza la protección del ecosistema del humedal. Esta decisión demuestra la importancia de que las políticas de manejo de fauna estén basadas en ciencia y protocolos reconocidos.
Suspensión de obras y límites a la expansión inmobiliaria
Por último, la resolución suspende toda obra que altere lagos, costas o vegetación nativa en áreas no consolidadas. Esto incluye rellenos, drenajes, muros y estructuras que pretendan encerrar o desplazar a los animales. La expansión inmobiliaria no puede continuar como si el humedal fuera un terreno vacío.
Además, cualquier nueva etapa de desarrollo debe contar con un Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo y con participación ciudadana. Solo se permiten intervenciones menores en lotes ya consolidados y corredores biológicos previstos en planes provinciales, siempre bajo supervisión técnica.

De esta forma, la Justicia establece límites claros a la urbanización sobre ecosistemas frágiles, obligando a que el crecimiento de Nordelta respete la naturaleza y a que los carpinchos puedan convivir con el entorno que ocupan.