Explosión en Ezeiza y el riesgo de los agrotóxicos que vuelve a quedar expuesto

Explosión en Ezeiza y el riesgo de los agrotóxicos que vuelve a quedar expuesto
Explosión en Ezeiza y el riesgo de los agrotóxicos que vuelve a quedar expuesto

La fuerte explosión ocurrida anoche dentro del Polo Industrial de Spegazzini, en Ezeiza, dejó más de veinte personas heridas, además de daños en barrios cercanos y una columna oscura de humo que se extendió por varios kilómetros. Las causas todavía están bajo investigación, aunque los primeros datos apuntan a que el fuego podría haberse originado en instalaciones ligadas al almacenamiento de productos químicos, incluidos insumos y residuos asociados al sector de los agroquímicos, y que luego habría alcanzado otras firmas del complejo. Ese episodio vuelve a exponer una realidad conocida y aún incómoda. Desde Greenpeace Argentina señalan que, en el país, el riesgo derivado de los agrotóxicos no disminuye sino que se vuelve cotidiano, mientras las comunidades quedan viviendo a pocos metros de sustancias altamente peligrosas del modelo agroindustrial, guardadas en depósitos y otros espacios productivos sin la información ni los controles que deberían estar garantizados.

Un complejo industrial rodeado de actividades químicas

En el área afectada funcionan distintas industrias vinculadas a sustancias químicas, agroquímicos y tareas logísticas, lo que eleva el nivel de exposición en caso de cualquier incidente. También, por su cercanía con barrios, escuelas y espacios comunitarios, ese entorno convierte un hecho aislado en una emergencia social, sanitaria y ambiental. La explosión de anoche lo muestra con claridad: una chispa es capaz de transformarse en una nube tóxica en apenas unos segundos.

Explosión en Ezeiza y el riesgo de los agrotóxicos que vuelve a quedar expuesto

Un país que sostiene un uso masivo de agrotóxicos

Argentina figura entre los mayores consumidores de agrotóxicos del planeta. Cada año se producen, trasladan, almacenan y emplean cientos de millones de litros de sustancias peligrosas, junto con miles de toneladas de envases y residuos que requieren una gestión estricta. Sin embargo, las políticas vigentes siguen orientadas a facilitar su circulación y disponibilidad, no a reducir su uso ni a reforzar la prevención.

Incidentes que revelan fallas profundas

Explosiones, incendios y fugas en establecimientos químicos no aparecen como sucesos aislados: funcionan como señales de un sistema que prioriza el uso masivo de sustancias tóxicas y que expone a las comunidades a riesgos que no tendrían que existir.

Explosión en Ezeiza y el riesgo de los agrotóxicos que vuelve a quedar expuesto

Discutir el modelo químico-dependiente

Por eso, además de la urgencia de esclarecer lo sucedido, resulta necesario abrir el debate de fondo: el país necesita revisar de manera estructural su modelo químico-dependiente y avanzar hacia sistemas productivos que reduzcan y reemplacen de forma gradual los agrotóxicos hasta dejar de depender de ellos.

La normalización del peligro

Aceptar estos niveles de exposición como parte de la vida cotidiana equivale a institucionalizar el riesgo. Ningún barrio debería convivir con sustancias capaces de convertir un accidente industrial en una emergencia sanitaria y ambiental. Mientras las pericias continúan, resulta indispensable asegurar información transparente para la población afectada y avanzar hacia políticas que establezcan un límite: proteger a las personas, al agua y al ambiente debe ser la prioridad. El país no puede seguir naturalizando el peligro químico. Y es momento de modificarlo.