
Hay individuos que consagran su vida a un asunto concreto. Y luego tenemos a Pablo García Borboroglu, el investigador argentino que hizo de la protección de los pingüinos un asunto internacional. Su labor ha protegido más de 13 millones de hectáreas de hábitat crucial para estas aves; es miembro del CONICET, fundador de la Global Penguin Society (GPS) y una autoridad global en ecología marina. Un éxito que no había sido logrado por ningún otro experto.
«Los pingüinos aportan mucha información. En National Geographic, Borboroglu expresó: «Si ellos están mal, el mar está peor». Esa frase resume su perspectiva: analizar pingüinos no es una cuestión de contar aves adorables; es comprender lo que está ocurriendo con uno de los ecosistemas más vulnerables del mundo.
Un argentino en el corazón de la preservación global
Borboroglu nació en Comodoro Rivadavia y fue criado entre el viento patagónico y la costa marina. Empezó su carrera como investigador del CONICET a una edad temprana y terminó siendo uno de los principales referentes internacionales en la conservación de aves marinas. Universidades, centros de investigación y ONGs internacionales se interesaron por su trabajo.
Explicó el motivo por el cual comenzó en una entrevista con La Nación:
«Los pingüinos se enfrentan al calentamiento del océano, la contaminación y la sobrepesca. Por eso, sentí que debía hacer algo más que estudiarlos; tenía que cuidarlos.
Su carrera fue marcada por ese cambio, de la ciencia pura a la aplicada.
Sociedad Global Pingüino: cuando la ciencia se convierte en un movimiento
Estableció Global Penguin Society en 2009, la primera entidad internacional cuya única misión es preservar a los pingüinos. Desde ese momento, Borboroglu promovió iniciativas en Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Argentina y Chile. La iniciativa fue premiada con el Rolex Award for Enterprise, uno de los galardones más renombrados del mundo, y se le otorgó un reconocimiento por parte de Naciones Unidas.
En BBC Mundo pronunció una frase que se hizo emblemática:
«Estamos protegiendo pingüinos, pero en realidad lo que estamos haciendo es proteger los océanos, las culturas costeras y el futuro.»
La GPS combina investigación científica, educación ambiental y creación de áreas protegidas marinas. Una de las más importantes es Parque Marino Patagonia Austral, creada en 2009 para resguardar zonas de alimentación y reproducción de pingüinos de Magallanes.
Los riesgos: el océano se calienta y las aves lo sienten
Borboroglu ha estado advirtiendo durante años que los pingüinos están experimentando las primeras señales del cambio climático. La elevación de la temperatura marina desplaza bancos de sardina y anchoíta, lo cual disminuye la cantidad de alimento disponible para las colonias.
«Hoy en día, los pingüinos deben nadar distancias más largas para hallar alimento. «Eso los agota y disminuye su supervivencia, así como la de sus crías», explicó en una conferencia en la Universidad de Exeter.
Su equipo emplea satélites, drones y aparatos GPS para trazar rutas de alimentación y analizar las variaciones en el comportamiento de las colonias. Es uno de los sistemas de monitoreo más amplios a nivel global.
El contacto con las colonias: ciencia y sentimiento
Borboroglu no es un científico de escritorio: vive entre campañas en el campo, tomando mate en la costa y pasando noches enteras bajo el viento patagónico. Los testimonios que usted narra poseen una sensibilidad que escasamente se manifiesta en los estudiosos.
En Página/12, compartió una de sus experiencias predilectas:
“Si ellos me aceptan en la colonia, se acercan. Los pingüinos te enseñan paciencia. Te enseñan humildad.”
También habló del impacto emocional de trabajar en lugares donde la naturaleza aún marca el tiempo:
“En Punta Tombo uno aprende que el mundo no empezó con nosotros ni va a terminar con nosotros. Es un recordatorio de nuestra pequeñez.”
Educación ambiental: la otra mitad del trabajo
Para Borboroglu, conservar pingüinos sin trabajar con las comunidades locales es imposible. Por eso GPS organiza talleres, encuentros con escuelas, expediciones educativas y programas para jóvenes patagónicos.
En una entrevista con Clarín, fue contundente:
“No sirve crear un área protegida si la comunidad no la siente propia. La conservación no se impone: se construye.”
Más de 100.000 chicos ya participaron en programas educativos impulsados por su equipo.
Un liderazgo argentino con impacto global
El trabajo de Borboroglu llevó a que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo nombrara Presidente del Grupo de Especialistas en Pingüinos. Allí coordina más de 80 científicos de distintos países.
Sobre la situación actual, dijo recientemente:
“Tenemos que actuar ahora. Si no cuidamos el mar, no habrá pingüinos. Y si no hay pingüinos, es que ya perdimos mucho más que un símbolo.”
Un mensaje para el futuro
Borboroglu no habla en términos apocalípticos. Habla en términos de responsabilidad.
«Los pingüinos no poseen voz, pero sí historia. “Depende de nosotros que esa historia continúe”, afirmó al recibir el Rolex Award.
La conservación es una cuestión ética para él: un acuerdo entre generaciones.
